Uruguay: el neonazi que aterrorizó al país y regresó a youtube
Héctor Paladino, un nombre que resuena con oscuridad en la memoria uruguaya, resurgió de las sombras, no en un acto de violencia, sino en un canal de YouTube. Un final insólito para un hombre que, en 1987, dejó una estela de sangre y odio en Montevideo, marcando un punto negro en la historia del país.
El día que el terror llegó a palermo
El 21 de diciembre de 1987, Paladino, un uruguayo de 37 años consumido por una ideología neonazi, perpetró un ataque devastador. A bordo de su Ford Escort, disparó con una escopeta recortada, asesinando a Simón Lazovski, un empresario judío propietario de una mueblería, y a Enrique Delfino, empleado de un canal de televisión local. Nicolás Scheck, hijo del administrador de El País, recibió un disparo en el brazo, escapando por poco a una tragedia mayor. La escena, descrita con crudeza en el libro “El Loco de la Bandera” de Pablo Londinsky, se convirtió en un relato oral transmitido de generación en generación, un tema tabú que durante años se evitó mencionar.

Advertencias ignoradas: un estado ciego
Londinsky, en su investigación, revela cómo las señales de alerta fueron sistemáticamente ignoradas. Paladino, ya conocido por exhibir una bandera nazi en su vivienda en el barrio Palermo y por sus ideas radicales, había sido denunciado por portar un revólver tras una confrontación con jóvenes que merodeaban su casa. El Código Penal uruguayo de la época, carente de figuras como el delito de odio o la apología del nazismo, impidió que estas advertencias se tradujeran en acciones preventivas. La colectividad judía también había alertado sobre la creciente amenaza, pero sus voces cayeron en oídos sordos.

De la psicosis al streaming: un giro inesperado
Tras ser declarado inimputable, Paladino cumplió su condena y, al ser liberado, optó por una vida aparentemente anodina. Pero la sorpresa llegó con su incursión en YouTube. Durante años, transmitió música y radios, a menudo con la cámara encendida incluso cuando no había nadie presente, acumulando cerca de 400 horas de contenido. Una transformación que contrasta con su pasado turbulento, aunque un video en el que simulaba accionar un arma dejó a Londinsky con una sensación inquietante. Vivía de una pensión por discapacidad y, al final, murió solo, su cuerpo siendo encontrado días después por la policía en condiciones deplorables.
Un legado de alertas pendientes
El caso Paladino no solo es una historia de horror y fanatismo, sino también una advertencia sobre la fragilidad de las instituciones y la importancia de combatir el odio y la intolerancia. Londinsky, quien investigó a fondo el caso, destaca que, a pesar del tiempo transcurrido, las señales de alerta se repiten en la actualidad, manifestándose en discursos extremistas y en un preocupante aumento del antisemitismo en Uruguay, según recientes encuestas. La pregunta que persiste es si, a pesar de las lecciones aprendidas, la historia está condenada a repetirse.