Semana santa sangrienta: 27 vidas perdidas en las carreteras españolas

La operación especial de Semana Santa ha comenzado con un balance devastador: 27 fallecidos en accidentes de tráfico desde el pasado Viernes de Dolores. Una cifra que supera en cinco las víctimas del año anterior en el mismo periodo, y que pone de manifiesto la persistente imprudencia en nuestras carreteras durante estos días de movilidad intensificada.

El viernes santo, el día más negro

El viernes santo, el día más negro

El peor día de esta segunda fase de la operación, que arrancó el miércoles, fue precisamente el Viernes Santo, con cuatro accidentes mortales que se cobraron cuatro vidas. Fuentes de la Dirección General de Tráfico (DGT) han confirmado que la acumulación de vehículos y la relajación en la conducción parecen ser una combinación letal.

Pero hay un detalle que alarma: la distribución geográfica de estos accidentes. No se limita a las grandes autovías; la carretera N-332 en Calpe (Alicante) se convirtió en escenario de tragedia este domingo, cuando un ciclista de 57 años perdió la vida al ser arrollado por un coche. La falta de visibilidad y el respeto a los usuarios vulnerables siguen siendo problemas estructurales.

La jornada dominical no fue menos accidentada. En Lleida, un choque frontal entre un coche y una furgoneta dejó a cuatro personas heridas, mientras que en Madrid, la imprudencia de tres jóvenes en la M-118 culminó en un espectacular vuelco. La velocidad y el desconocimiento del entorno son, una vez más, los principales culpables.

La congestión del tráfico, previsible en días festivos, se ha sumado al cóctel explosivo de imprudencia. Las entradas a Madrid por la A-42 (Getafe), la A-2 (Saúca y Trijueque), la A-3 (Montalbo) y otras vías principales se han visto saturadas, complicando aún más la circulación y aumentando el riesgo de colisiones. Lo mismo ocurre en Valencia, Alicante, Huelva y Málaga, donde los conductores se ven obligados a lidiar con atascos y maniobras arriesgadas.

La cifra habla por sí sola: 27 vidas truncadas en apenas unos días. Necesitamos una reflexión profunda sobre la seguridad vial, no solo durante las vacaciones, sino como un compromiso diario. La DGT tiene mucho trabajo por delante, pero la responsabilidad, en última instancia, recae sobre cada conductor. La Semana Santa, tristemente, ha recordado con crudeza la fragilidad de la vida en la carretera.