Selfies tras el ataque: el precio de la libertad en el golfo
Un dron iraní impactó en un complejo residencial de Emiratos Árabes Unidos. La reacción inicial: selfies y mensajes a familiares, buscando tranquilizarlos. La consecuencia: detenciones. Esta es la nueva normalidad en una región donde la expresión, incluso la más inocente, se paga cara.
La ley del silencio digital
Radha Stirling, directora de Detained in Dubai, ha visto esta historia repetirse una y otra vez. La ley de ciberdelitos de EAU, draconiana en su aplicación, castiga con multas de hasta 54.000 dólares y penas de prisión de hasta dos años la grabación, reenvío o incluso el comentario sobre contenido que pueda “incitar a la opinión pública o perturbar la seguridad pública”. Un concepto tan amplio que abarca, aparentemente, una foto de un edificio dañado por un ataque.
Las autoridades emiratíes, presionado por la escalada de tensiones con Irán y la intervención de Estados Unidos e Israel, parecen haber optado por un control férreo de la información. Oficialmente, hablan de 109 arrestos en Abu Dabi y decenas en Dubái, pero Stirling estima que la cifra real supera con creces los cientos. La mayoría, residentes de larga duración y turistas, víctimas de un error involuntario.
Consideremos el caso de un empleado de una aerolínea británica, detenido al compartir una foto del aeropuerto de Dubái con sus compañeros, simplemente para preguntar si era seguro transitar por la zona. Un acto de precaución que le costó un calvario.

La sombra de la tortura en baréin
Pero la represión no se limita a EAU. En Baréin, el caso de Mohamed Al Mousawi, un chiíta condenado a 21 años de prisión por cargos de terrorismo, es un escalofriante testimonio de la brutalidad del régimen. Tras una amnistía en 2024, el hombre fue entregado a su familia con evidentes signos de tortura, como documentó el Centro del Golfo para los Derechos Humanos. Su delito, según las autoridades: expresar opiniones políticas en redes sociales.
El director del Instituto de Baréin para los Derechos y la Democracia (BIRD), Sayed Ahmed Alwadaei, denuncia una “represión implacable contra la ciudadanía”, con más de 230 detenidos, incluyendo mujeres y menores. El asesinato de Al Mousawi bajo tortura, tras nueve días de desaparición forzada, es un claro síntoma del clima de miedo que impera en el país.
Un patrón regional: control informativo y represión
La situación no es exclusiva de EAU y Baréin. Catar ha arrestado a 313 personas por actividades similares: grabar y distribuir vídeos, difundir información considerada engañosa. Arabia Saudí, aunque sin cifras oficiales, y Kuwait, donde las fuerzas de seguridad han allanado decenas de casas y detenido a ciudadanos bajo sospecha de simpatizar con estados extranjeros, siguen un patrón alarmante.
Como señala Joey Shea, investigadora de Human Rights Watch, estos países del Golfo persico comparten una obsesión por evitar la “mala publicidad”. Quieren lucir una imagen de prosperidad y éxito, y cualquier crítica o denuncia de sus abusos es percibida como una amenaza.
La ironía es palpable: mientras estos gobiernos invierten miles de millones en tecnología y marketing para atraer turistas e inversores, persiguen y encarcelan a aquellos que simplemente quieren compartir lo que ven a su alrededor. Un equilibrio precario entre la ambición económica y la represión política que amenaza con socavar la estabilidad de la región. La próxima selfie podría ser la última.