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Milei, un tedeum con protocolo y la sombra de bullrich

Javier Milei, en un acto de marcado ceremonialismo, asistió este jueves a un Tedeum por el 210° aniversario de la Independencia, exhibiendo una estrategia de imagen que, lejos de ser improvisada, parece cuidadosamente calibrada para proyectar estabilidad y control.

El desfile de la jerarquía política

La escena en la Plaza de Mayo fue, en sí misma, un estudio de contraste. El mandatario, escoltado por un reducido grupo de funcionarios, eligió caminar solo unos metros por delante del resto, un gesto que, analizado con detenimiento, sugiere un intento de aislarse de las presiones internas y, quizás, de minimizar la visibilidad de las tensiones que aún persisten dentro del gobierno.

La afluencia de público, aunque considerable, no logró llenar las calles aledañas, evidenciando la persistente división en la sociedad argentina. A diferencia del 25 de mayo, los rostros de los funcionarios exhibían una compostura notable, un cambio sutil pero perceptible en comparación con la impaciencia observada en aquel momento.

Un escenario protocolario y sutiles señales

Un escenario protocolario y sutiles señales

La primera fila, detrás del Presidente, congregaba a figuras clave de su equipo: Diego Santilli, nuevo jefe de Gabinete; Martín Menem, titular de la Cámara; Karina Milei, secretaria general; y Pablo Quirno, el canciller. Esta alineación, aparentemente formal, revelaba una jerarquía cuidadosamente establecida, con Menem ubicándose estratégicamente al lado de Karina, sugiriendo una dinámica de poder en construcción. La presencia de los ministros, la jefa de Gabinete de la Cámara y la del Banco Central, junto con Patricia Bullrich, delineaba un equipo de campaña, listo para ejecutar la política del gobierno.

La decisión de Bullrich de acompañar al convoy del Gabinete, tanto en la ida como en la vuelta, es un claro indicio de un pacto de silencio. El incidente del 25 de mayo, con su abrupta separación del resto de los funcionarios y su posterior prohibición de ingreso al Cabildo, dejó una marca imborrable. Esta vez, se buscaba evitar cualquier sombra de desacuerdo, priorizando la imagen de unidad por encima de todo.

Caputo, ravier y el tándem ideológico

Caputo, ravier y el tándem ideológico

En la última fila, Santiago Caputo, con su habitual vestimenta austera –un traje negro y gafas–, se diferenciaba del resto por su perfil reservado. A su lado, Adrián Ravier, el flamante vocero presidencial, exhibía la guía del