Argentina declara a la guardia revolucionaria islámica 'terrorista': ¿qué implica?
Buenos Aires – En una escalada de tensiones con Irán, el gobierno argentino oficializó la inscripción de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) en el Registro Público de Personas y Entidades Vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET). La medida, publicada en el Boletín Oficial durante la madrugada, abre un nuevo capítulo en la ya larga y turbulenta relación bilateral, marcada por los atentados contra la Embajada de Israel en 1992 y la AMIA en 1994.
La justificación del gobierno: informes reservados y riesgos para la seguridad nacional
La decisión, respaldada por la resolución conjunta 3/2026 del Ministerio de Seguridad y el de Relaciones Exteriores, se fundamenta en la existencia de “amplia evidencia” sobre la implicación de los CGRI en el financiamiento y ejecución de atentados terroristas. Según fuentes oficiales, informes reservados elaborados por áreas especializadas de ambos ministerios concluyen que la organización representa un riesgo tangible para la seguridad de la Nación y sus habitantes.
La medida implica el congelamiento de fondos y activos financieros de personas vinculadas a la CGRI, así como la adopción de medidas para prevenir futuros actos terroristas, incluyendo el intercambio de información con otros Estados. El gobierno argentino se adhiere así a compromisos internacionales adquiridos en virtud de la Convención Internacional contra la Delincuencia Organizada Transnacional, la Convención Interamericana contra el Terrorismo y el Convenio Internacional para la Represión de la Financiación del Terrorismo.

La reacción furiosa de irán: acusaciones de injerencia extranjera
La respuesta de Teherán no se hizo esperar. El Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, a través de su embajada en Uruguay, condenó enérgicamente la decisión argentina, calificándola de “ilegal e injustificada” y advirtiendo sobre la “responsabilidad internacional” del país. En un comunicado contundente, Irán acusó al gobierno argentino de actuar bajo la influencia del “régimen sionista ocupante” y de Estados Unidos, y de haberse colocado “del lado equivocado de la historia”. La ofensiva diplomática de Irán se produce en un contexto de creciente tensión geopolítica en Medio Oriente, con la ofensiva militar de Estados Unidos y el apoyo a Israel en el horizonte.
Lo que nadie cuenta es que esta escalada se produce en un momento crítico para la región. La acusación de injerencia extranjera, por parte de Irán, busca desviar la atención de las investigaciones judiciales y de inteligencia que, según el gobierno argentino, demuestran la participación directa de altos funcionarios iraníes en los atentados ocurridos en Buenos Aires. La cifra de las víctimas, más de 100 muertos en el ataque a la AMIA, sigue siendo una herida abierta en la memoria colectiva argentina.
La decisión del gobierno argentino, aunque respaldada por una serie de resoluciones de la ONU, abre una nueva fase de incertidumbre en las relaciones bilaterales y plantea interrogantes sobre el impacto de esta medida en la seguridad regional. En un contexto internacional marcado por la inestabilidad y la polarización, la designación de la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista por parte de Argentina podría tener consecuencias impredecibles.