Pascua bajo fuego: el cardenal pizzaballa desafía la oscuridad en jerusalén

En medio de la escalada de tensión con Irán y el cierre de lugares sagrados, el patriarca latino de Jerusalén, cardenal Pierbattista Pizzaballa, ha ofrendado un mensaje de esperanza para los creyentes este Domingo de Resurrección. Una Pascua marcada por la sombra de la guerra, pero también por un acto de rebeldía espiritual.

La resurrección, un faro en la noche

La resurrección, un faro en la noche

El cardenal Pizzaballa, en un mensaje de videocomunicado, ha recurrido a la metáfora de la noche para describir el contexto actual. “Jesús se alzó en plena noche. En la oscuridad. Este es también mi mensaje: no hay oscuridad, no hay situación que no nos permita celebrar”. Un mensaje que adquiere una resonancia particular en Tierra Santa, donde la incertidumbre y el miedo se ciernen sobre la población.

La Semana Santa ha transcurrido con una notable discreción, marcada por las restricciones impuestas por las autoridades israelíes. Un incidente especialmente llamativo tuvo lugar el Domingo de Ramos, cuando la policía israelí impidió al cardenal Pizzaballa oficiar misa en la iglesia del Santo Sepulcro, alegando el cierre de la Ciudad Vieja. La rápida intervención del primer ministro Benjamín Netanyahu, obligado a rectificar ante la presión internacional, permitió al patriarca celebrar los ritos con asistencia limitada en la basílica.

Lo que nadie cuenta es la carga simbólica de ese episodio. El cardenal, aludiendo a la oscuridad mencionada, ha insistido en que la resurrección representa “un acto de desobediencia a la desconfianza y el miedo”. “No permitimos que la oscuridad se haga con nuestros corazones, nuestras formas de pensar, nuestras actitudes, nuestras religiones”. Un llamamiento a la resistencia espiritual que contrasta con el ambiente de beligerancia que se respira en la región.

Pero hay un detalle que pone en perspectiva la magnitud del desafío. Pizzaballa, máximo representante del catolicismo en Tierra Santa, no solo celebra la resurrección, sino que lo hace en un contexto de conflicto abierto y restricciones sin precedentes. Una demostración de fe que, como él mismo afirma, “no hay situación que nos condene a vivir eternamente bajo la sombra de la muerte”. La Pascua, en definitiva, se erige como un faro de esperanza en medio de la tormenta.