Ormuz al borde: omán intenta apaciguar la furia de trump
La tensión en el Golfo Pérsico alcanza niveles insostenibles. Mientras Donald Trump endurece su ultimátum para que Irán reabra el estrecho de Ormuz, Omán, tradicionalmente un actor clave en la diplomacia regional, se ha erigido como mediador en una conversación de emergencia con Teherán. La pregunta que se cierne sobre la región, y sobre los mercados energéticos globales, es si esta iniciativa puede evitar una escalada militar.

Un encuentro a pie de guerra
Las conversaciones, celebradas a nivel de subsecretarios de Exteriores en Mascate, se desarrollaron en un clima de extrema presión. El ultimátum de Trump, ampliado hasta el 7 de abril, deja claro su intención de tomar medidas drásticas si Irán no cede en su postura, amenazando explícitamente con atacar infraestructuras iraníes. La cifra es escalofriante: un 20% del petróleo mundial transita por el estrecho de Ormuz, lo que convierte cualquier disrupción en un terremoto económico global.
Según fuentes oficiales omaníes, el encuentro se centró en “analizar opciones” para garantizar un flujo fluido a través del estrecho. Expertos y especialistas de ambos países presentaron diversas visiones y propuestas, aunque los detalles permanecen bajo siete llaves. Lo que sí es evidente es que Omán, consciente de su papel geoestratégico, busca evitar una confrontación directa entre Estados Unidos e Irán, una guerra que tendría consecuencias devastadoras para la región y para la economía mundial.
Pero hay un detalle crucial: la persistente hostilidad entre Irán y otros países árabes del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), aliados de Estados Unidos, complica la situación. Estos países, que han sufrido ataques recientes con misiles y drones iraníes, ven en Teherán un desafío a su seguridad y a la estabilidad regional. La presión para que Irán ceda ante las demandas de Washington es, por tanto, intensa.
El presidente Trump, con su retórica incendiaria – acusando a Irán de “bloquear” el estrecho y amenazando con “desatar el infierno” – no facilita precisamente el diálogo. Su ultimátum, expresado en términos despectivos (“el puto estrecho”), revela una estrategia de presión extrema que podría tener efectos impredecibles. La cuestión ahora es si la diplomacia, liderada por Omán, puede contrarrestar esta escalada y encontrar una solución negociada antes de que sea demasiado tarde.
La comunidad internacional observa con atención el devenir de esta crisis. El riesgo de un conflicto bélico en el Golfo Pérsico es real y las consecuencias para la economía global serían catastróficas. Omán, con su histórico papel de mediador, se enfrenta a su mayor desafío: evitar que la intransigencia de Trump y la intransigencia iraní conduzcan al abismo.