Nepal reduce jornada laboral para evitar colapso energético
Katmandú ha tomado una medida drástica: el fin del domingo laboral. El Gobierno de Nepal ha recortado la semana laboral a cinco días, de lunes a viernes, en una maniobra desesperada para mitigar los efectos de la crisis energética que se cierne sobre el país, exacerbada por la situación en Irán. Un movimiento que, más allá de la reducción de costes en combustible, pone de manifiesto la vulnerabilidad de una nación dependiente de factores geopolíticos externos.

Nuevo horario de trabajo para el sector público
La decisión, aprobada el domingo por el Consejo de Ministros, implica un horario de trabajo de 9:00 a 17:00 horas para todos los organismos estatales. Sasmit Pokharel, portavoz del Gobierno y ministro de Educación, Ciencia y Tecnología, Juventud y Deportes, justificó la medida ante el diario 'Kantipur' como una respuesta directa a la escasez de combustible, impulsando paralelamente una transición hacia la electrificación de la flota vehicular del país. La medida entra en vigor de forma inmediata.
Pero hay un detalle que escapa a la nota oficial: la crisis energética nepalí no es un fenómeno aislado. La dependencia de Irán como proveedor, si bien no es exclusiva, ha puesto de manifiesto la fragilidad de una economía nacional expuesta a las fluctuaciones del mercado energético global. La electrificación de la flota, un objetivo loable, se presenta como una solución a largo plazo, pero no alivia el problema inmediato.
Lo que nadie cuenta es el impacto social de esta medida. Si bien el ahorro de combustible es evidente, la reducción de la jornada laboral podría afectar a la productividad y a la disponibilidad de servicios públicos esenciales. El domingo, tradicionalmente un día de descanso y actividades familiares, se ha convertido en una víctima colateral de la crisis.
Finalmente, la cifra habla por sí sola: Nepal, un país enclavado en el corazón del Himalaya, se encuentra en una encrucijada. La apuesta por la electrificación es un paso necesario, pero la verdadera solución pasa por diversificar las fuentes de energía y fortalecer la autonomía energética nacional. La crisis actual es un aviso, un recordatorio de que la dependencia energética es una vulnerabilidad que debe ser abordada con urgencia.