México desafía a trump: exportaciones crecen pese a aranceles

El rugido proteccionista de Donald Trump, anticipado como un golpe de gracia para la economía mexicana, ha resultado, paradójicamente, en un auge exportador. A un año de las primeras medidas arancelarias, las cifras oficiales contradicen los pronósticos más pesimistas, consolidando a México como el principal socio comercial de Estados Unidos.

Un saldo comercial que sorprende

Un saldo comercial que sorprende

En febrero de 2026, México despachó a su vecino del norte bienes por 44,310 millones de dólares, superando los 41,638 millones del mismo periodo del año anterior. El comercio bilateral total escaló a 147,322 millones de dólares, un aumento considerable respecto a los 138,000 millones del 2025. El saldo a favor de México se sitúa en una robusta cifra de 26,334 millones de dólares, evidenciando una resiliencia económica que pocos anticiparon.

Pero no todo es suerte. Detrás de estos números se esconde una estrategia de adaptación acelerada. Las empresas mexicanas, ante la imposición de aranceles del 50% al acero y aluminio, y del 25% a automóviles y camiones ligeros, reconfiguraron sus cadenas de suministro con una velocidad asombrosa. La clave ha residido en la estricta observancia de las reglas de origen del T-MEC: un cumplimiento que, según análisis de Banamex, se disparó del 48.6% previo a la política arancelaria al 75.1% a finales de 2025, un salto de 26.5 puntos porcentuales.

Si bien es cierto que más del 45% de las importaciones estadounidenses desde México se ven afectadas por aranceles sectoriales, el impacto real se reduce a apenas un 5%, gracias a que el 83% de las exportaciones mexicanas están protegidas por el tratado. Este dato, contundente, demuestra una capacidad de maniobra que sorprende incluso a los analistas más avezados.

México también respondió con contramedidas, aplicando aranceles de hasta el 50% a más de 1,400 productos provenientes de naciones sin acuerdos comerciales, principalmente de China. Una jugada estratégica para fortalecer la industria local y, a la vez, aliviar las presiones de Washington sobre la entrada de mercancías asiáticas al mercado norteamericano.

Sin embargo, la euforia exportadora no ha logrado impulsar un crecimiento interno robusto. La incertidumbre en torno a la revisión del T-MEC, que se perfila como el evento decisivo de julio, ha frenado la inversión durante 2025, limitando el dinamismo de la economía nacional.

Ahora, con las negociaciones formales ya iniciadas, la apuesta es clara: un acuerdo exitoso reactivaría la inversión y generaría la tan necesaria certidumbre. Una prolongada mesa de diálogo, en cambio, podría golpear duramente a la manufactura y otros sectores clave. La adaptación ha sido notable, pero la verdadera prueba de fuego está por llegar. México ha demostrado su capacidad de resistencia. Ahora, la diplomacia y la astucia negociadora serán sus mejores armas para asegurar un futuro próspero en el tablero comercial más importante del mundo.