Meta y youtube, bajo lupa: ¿adiós a la adicción digital?

Un tribunal de Los Ángeles ha sentenciado a Meta y YouTube a indemnizar a una joven por generar en ella una adicción a las redes sociales, un veredicto que sacude el panorama legal y plantea una interrogante crucial: ¿hasta qué punto son responsables las plataformas por el uso compulsivo que hacen sus usuarios?

El precio de un algoritmo diseñado para enganchar

La demandante, una joven de 20 años, recibirá tres millones de dólares como compensación por los daños sufridos durante su infancia: depresión, baja autoestima, ansiedad e incluso pensamientos suicidas. Pero este caso no es aislado. En Nuevo México, Meta ya ha sido condenada a pagar 375 millones de dólares por ocultar información sobre prácticas que facilitaban la explotación sexual infantil, evidenciando una preocupante deriva en la responsabilidad legal de estas gigantes tecnológicas.

Emilio Guichot Reina, catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Sevilla, apunta directamente al modelo de negocio de estas plataformas: “Se basan en crear adicción”. No se trata solo de adolescentes; los algoritmos están diseñados para maximizar el tiempo de uso, creando una dependencia generalizada. La clave, según Guichot, está en una respuesta interdisciplinar que combine el análisis jurídico con el estudio de los efectos psicológicos de estas herramientas.

Europa alza la voz: ¿normativa o autocontrol?

Europa alza la voz: ¿normativa o autocontrol?

La Unión Europea se enfrenta ahora a la necesidad de regular este fenómeno. Guichot, que participó en la redacción de un proyecto de ley de transparencia, defiende una normativa que permita actuar sobre los efectos en los ciudadanos europeos. El Reglamento de Servicios Digitales de 2022 ya marca el camino, buscando un entorno digital seguro. Pero la verdadera innovación podría venir del Reglamento sobre la Identidad Digital Europea de 2024, que introduce la trazabilidad sin caer en la eliminación total del anonimato, una “opción intermedia” que, según el experto, “impide mentir” sobre parámetros esenciales como la edad.

Si bien la sentencia estadounidense no obliga directamente a Europa a tomar medidas, sí plantea interrogantes fundamentales. La posibilidad de demandas similares, basadas en la responsabilidad de las empresas por los daños causados por la adicción, es una realidad cada vez más cercana. Imaginemos un escenario: una persona demanda a una red social por los daños a su salud mental derivados de su adicción. En España, la vía legal se regiría por el Código Civil, evaluando la posible responsabilidad de la empresa por culpa o dolo.

La Unión Europea, además, ejerce un control exhaustivo sobre estas multinacionales, con auditorías que pueden culminar en sanciones de hasta el 6% de sus ingresos en Europa. La justificación sería clara: “Una red social basada en el manejo del algoritmo para crear adicción provoca un riesgo sistémico, un atentado a la salud, sobre todo psíquica, de las personas”.

La solución, por tanto, no pasa por la prohibición absoluta, sino por la intervención inteligente. Guichot plantea medidas concretas: la posible prohibición del “scroll” infinito, mensajes de advertencia similares a los de los productos tóxicos, o la necesidad de que los vídeos no se reproduzcan automáticamente, obligando al usuario a tomar una decisión consciente. El verdadero riesgo, subraya, radica en que “están diseñadas para generar, a través de algoritmos y su propio funcionamiento, esa adicción”.

La batalla por el control del tiempo y la atención en la era digital ha comenzado. Y la pregunta ya no es si se regularán las redes sociales, sino cuándo y cómo, para evitar que la búsqueda de likes se convierta en una sentencia de por vida.