Mafias intensifican la guerra por el transporte: atentados y secuestros en lima
Lima vive una escalada de violencia. Atentados armados, amenazas con explosivos y un plan de secuestro frustrado contra transportistas sacuden la capital peruana en un lapso de 24 horas, revelando una nueva estrategia de las organizaciones criminales.
La extorsión al transporte se endurece con secuestros y amenazas explosivas
La Policía Nacional del Perú (PNP) desnudó un giro siniestro en la forma en que las mafias buscan controlar el negocio del transporte. Audios incautados a presuntos integrantes de remanentes de «Los Michis» revelan que, más allá de exigir cuotas, planeaban secuestrar a víctimas para presionar pagos pendientes, incluso recurriendo a la amenaza de detonar artefactos explosivos.
El coronel Jorge Carpio, jefe de la División de Secuestros y Extorsiones, explicó que la táctica ha evolucionado. Ya no basta con la coacción económica; la intención es forzar a las víctimas a enviar mensajes desde el cautiverio, presionando a sus compañeros para que paguen. La investigación también identificó a una mujer que habría recibido el dinero de las extorsiones y reportado a «Yani», quien coordinaba las acciones.
La gravedad de la situación se evidenció con tres atentados en menos de un día. En Lurín, un conductor de la empresa San Bartolo fue asesinado, paralizando el servicio y generando protestas por las constantes amenazas de hasta 50.000 soles exigidos para poder trabajar. Semanas antes, otro chofer había sido acribillado en el kilómetro 23 de la Panamericana Sur.
Horas después, en Comas, un conductor de Etssacocsa fue baleado mientras esperaba pasajeros. Cámaras de seguridad captaron al agresor revisando su celular antes de disparar. Una carta extorsiva, encontrada en el vehículo, exigía el pago de cuotas bajo la amenaza de nuevos ataques. El hombre herido permanece en el Hospital Nacional Sergio E. Bernales con pronóstico reservado.
Ventanilla también fue escenario de un crimen en una zona escolar. Un colectivero fue asesinado a balazos en el paradero Hogar, en la Panamericana Norte. El hecho ocurrió cerca de una caseta de serenazgo y un colegio estatal, generando temor entre vecinos y comerciantes.
La Policía investiga si todos estos hechos están relacionados con el cobro ilegal que afecta al sector transporte. Las cifras son alarmantes: en lo que va del año, más de 20 transportistas han sido víctimas de extorsión y agresiones en Lima.
La respuesta de las autoridades se dilata. Mientras la policía investiga, las víctimas y sus familias claman por protección. El silencio oficial solo alimenta la impunidad que parece regir en esta guerra territorial por el control de los caminos.
La cifra habla por sí sola: cada día, el riesgo de trabajar en el transporte en Lima aumenta. La violencia, antes un problema latente, ha explotado con una brutalidad que obliga a reconsiderar la seguridad de miles de trabajadores.
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