Líbano: ataques a hospitales se multiplican en medio del conflicto

El sistema sanitario libanés, ya castigado por años de crisis, se desangra bajo una escalada de violencia. Desde finales de febrero, más de 90 ataques a instalaciones médicas, vehículos y personal han dejado un saldo de 53 muertos y 137 heridos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), evidenciando una preocupante normalización de la violencia contra quienes intentan salvar vidas.

La emergencia en rafik hariri: el hospital más grande bajo fuego

La emergencia en rafik hariri: el hospital más grande bajo fuego

El último episodio, ocurrido cerca del Hospital Universitario Rafik Hariri, el mayor centro médico público de Líbano, ha sido especialmente devastador. Cuatro personas perdieron la vida y otras 39 resultaron heridas en un ataque que, de acuerdo con la OMS, no es una excepción sino una tendencia alarmante. A finales de marzo, la organización denunció un promedio de dos ataques diarios, con un pico de cinco el 28 de marzo que afectó a centros en diversas localidades del sur del país, como Kfar Tibnit y Jezzine, sumando nueve víctimas fatales.

La cifra habla por sí sola: en menos de dos meses, la infraestructura médica libanesa ha sufrido un daño incalculable. Pero hay un detalle que agrava la situación: estos ataques se producen en un contexto de intensificación de las operaciones militares israelíes, lo que dificulta aún más la prestación de servicios esenciales a la población civil.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, ha instado a todas las partes involucradas a cumplir con el derecho internacional humanitario, exigiendo la protección de los centros sanitarios, los trabajadores de la salud y los pacientes. El llamamiento, aunque oportuno, se enfrenta a una realidad brutal donde la impunidad parece reinar.

La urgencia es palpable. Mientras la comunidad internacional observa, el sistema de salud libanés se derrumba, poniendo en riesgo la vida de miles de personas que ya enfrentan una crisis económica y social de proporciones épicas. La normalización de estos ataques, como advierte la OMS, sería una tragedia de consecuencias impredecibles.