Laura weisvein, de jugueterías ripalda, desvela los secretos del negocio del juguete en argentina
La previsibilidad es la clave. Para Laura Weisvein, directora de Jugueterías Ripalda, la industria del juguete se rige por un calendario implacable. El segundo semestre del año, con el Día del Niño en agosto y Navidad a la vuelta de la esquina, define el destino del negocio.
“En nuestro rubro el calendario es determinante”, explica Weisvein. La planificación comienza meses antes, alrededor de mayo o junio, para asegurar que la mercadería esté disponible cuando los mayoristas y distribuidores la necesiten.
Certificaciones, aranceles y el fantasma del comercio electrónico
La industria del juguete se enfrenta a desafíos únicos. Las certificaciones de seguridad, que garantizan el cumplimiento de normas para el uso infantil, implican tiempo y costos. Antes, la validez de los certificados era de un año, obligando a una re-certificación constante. Ahora, la aceptación de certificaciones internacionales, como las europeas, ha mejorado la situación, aunque algunos componentes específicos, como los ftalatos, siguen generando demoras y gastos.
Los aranceles de importación, que rondan el 20%, también impactan significativamente en el precio final. “Muchas veces, las personas comparan precios con productos importados sin considerar todos estos factores”. Además, el auge del comercio electrónico internacional plantea un problema: productos más baratos, pero no siempre con las garantías de calidad y seguridad que exige la normativa local. La ventaja del comercio tradicional es la posibilidad de inspeccionar el producto antes de comprarlo.
Pero hay un detalle: las tendencias globales, como la demanda de juguetes con menor impacto ambiental y el uso de baterías recargables, están transformando la industria. Los fabricantes están repensando el packaging, buscando materiales más amigables con el medio ambiente y soluciones de energía más sostenibles.
El comercio exterior, cuando se equilibra con el apoyo a la producción local, fomenta un sistema más saludable para todos. Pero el crecimiento de las plataformas internacionales ha abierto una puerta a productos que no siempre cumplen con los estándares locales, creando un dilema para el consumidor argentino.
“Permitir que lo que existe en el mundo esté disponible en nuestro país, al mismo tiempo que apoyamos lo que se produce localmente, genera un sistema más saludable para las empresas, los consumidores y el desarrollo del sector”, afirma Weisvein. La clave está en encontrar ese equilibrio.