Ladilla rusa: humor, mala leche y la urgencia de combatir la extrema derecha

Tania Lozano y Víctor F. Clares, el dúo detrás de Ladilla Rusa, no se andan con rodeos. El humor irreverente y las fiestas desenfrenadas que caracterizan a su música se desvanecen cuando el tema es el auge de la ultraderecha, un fenómeno que los impulsa a alzar la voz y a romper con la equidistancia, una postura que consideran peligrosa.

El altavoz del artista: una responsabilidad ineludible

“Tú, como artista, tienes un altavoz y debes usarlo”, afirma Lozano con contundencia. No es un llamado a la opinión personal gratuita, sino a la acción. “Ahora no es momento de callarse, sino de posicionarse”. La urgencia es palpable, una respuesta directa a la creciente visibilidad de discursos que, según Clares, “no deben ser ignorados, sino combatidos activamente”.

Para Ladilla Rusa, la neutralidad se convierte en complicidad. Reconocen que su trayectoria ha estado marcada por la risa, por el humor gamberro y el costumbrismo fantástico que define su sonido, pero también por la denuncia. Sus letras, a menudo salpicadas de “mala leche”, como ellos mismos lo definen, son un espacio para la reivindicación y para desafiar lo establecido. La canción “¿Qué ladilla?”, con su significado visceral en México (fastidio), es un claro ejemplo de su compromiso contra la normalización de la ultraderecha, a la que ven como inherentemente machista y racista.

De montcada i reixac al escenario nacional: un origen periférico

De montcada i reixac al escenario nacional: un origen periférico

La historia de Ladilla Rusa es la de dos amigos de la infancia, Tania Lozano y Víctor F. Clares, criados en Montcada i Reixac, en las afueras de Barcelona. Aunque ambos estudiaron periodismo, hace ya casi una década decidieron apostar por la música, transformando lo que empezó como una broma en un fenómeno cultural. Su música, difícil de encasillar, se mueve entre la tecnorumba, el rock, el punk y hasta la tarantela napolitana, como se aprecia en “La padrina”, una colaboración con Albert Pla.

“Lo que hacemos es música pop con mucha risa y mala leche”, resume Lozano, reivindicando la libertad creativa que siempre ha caracterizado a Ladilla Rusa. Una libertad que les permite experimentar, innovar y romper con las convenciones del mercado y las presiones de la industria, sin ataduras ni compromisos.

Un futuro de canciones y gira: conectando con la calle

Tras dos álbumes, ‘Estado del malestar’ y ‘Costumbrismo mágico’, y éxitos virales como ‘KITT y los coches del pasado’ (más de 27 millones de visualizaciones en YouTube), ‘Macaulay Culkin’ o ‘Madre mía el asco que me das’, Ladilla Rusa ha lanzado recientemente ‘TKM CNT XFA’, una tecnorumba nostálgica inspirada en los años 2000. En mayo, esperan publicar “¿Quieres rollo?”, con un corte ochentero. Prefieren la inmediatez de los sencillos y los videoclips a la rigidez de un álbum, invirtiendo tiempo y recursos en la creación de contenido visual impactante.

Actualmente, están inmersos en la gira “Tiroriro Tour”, que les llevará por más de veinte ciudades españolas, desde Bilbao hasta Aranda de Duero. Su conexión con la calle, con “los garrulos” y los “punkis”, como ellos mismos se definen, es una constante. “Ladilla Rusa no existiría si no hubiéramos nacido en el extrarradio de Barcelona”, afirma Lozano, evocando la nostalgia de los coches con la ventanilla bajada y los himnos de Los Chichos. “¡Visca el extrarradio!”, exclama Clares, un grito de orgullo por sus orígenes.

Con una gira en marcha y una década de trayectoria a sus espaldas, Ladilla Rusa sigue desafiando las etiquetas y celebrando su autenticidad. La música es su arma, la risa su escudo y el compromiso con la justicia social su motor. El futuro, aunque incierto, está lleno de canciones, conciertos y, sobre todo, de la firme convicción de que el arte puede y debe ser un catalizador de cambio.