Irak desata la euforia: pasaportes, calles y homenajes para sus 'leones'
Bagdad se viste de gala. No es un evento turístico, ni una cumbre política. Es la explosión de júbilo tras la clasificación histórica de Irak para el Mundial de 2026, un logro que rompe con cuarenta años de sequía futbolística y que el gobierno ha decidido celebrar con una cascada de reconocimientos, algunos, cuanto menos, llamativos.

Un reconocimiento que roza lo exagerado
El Consejo de Ministros iraquí ha aprobado un paquete de medidas de homenaje, pendiente aún de ratificación, que van más allá de los aplausos y las felicitaciones. Viviendas de diseño exclusivo para cada uno de los miembros de la selección, pasaportes diplomáticos que facilitarán sus desplazamientos internacionales y un sello postal conmemorativo son solo la punta del iceberg. La apuesta más llamativa, quizás, es el nombramiento de una calle principal en Bagdad y en todas las provincias como “Calle Leones de Mesopotamia”, una muestra de la importancia que el país otorga a este equipo, apodado cariñosamente así.
Pero el homenaje no se detiene ahí. Se ha encargado un mural para inmortalizar la clasificación, se creará un museo dedicado a la selección en múltiples ubicaciones del país y, como si fuera poco, las ceremonias de graduación de las instituciones educativas de todo Irak se denominarán “Torneo Leones de Mesopotamia” este año. La guinda del pastel, o quizás la cereza que enloquece al pastelero, es la composición de una “canción nacional especial” con la participación de un grupo de artistas, un tema que, según fuentes oficiales, “reflejará este glorioso logro”.
El camino a Qatar, ahora en 2026. La clasificación se selló el pasado martes con una victoria por 2-1 sobre Bolivia en Monterrey, México, gracias a goles de Ali Alhamadi y Aymen Hussein. Un triunfo que devuelve a Irak al mapa futbolístico mundial después de casi medio siglo. Ahora, los 'Leones' esperan el veredicto del sorteo para conocer a sus rivales en el Grupo I, donde se medirán a Francia, Senegal y Noruega.
La magnitud de la celebración, aunque comprensible por el valor histórico del logro, levanta algunas cejas. Mientras que el entusiasmo popular es indudable, la inversión en estas medidas de reconocimiento podría haber sido destinada a otras áreas más necesitadas del país. Pero Irak, por un día, prefiere celebrar, olvidar las dificultades y sumergirse en la euforia de un Mundial que, finalmente, ha vuelto a casa.
La cifra habla por sí sola: 40 años. Cuarenta años de espera. Cuarenta años de frustraciones. Y ahora, la promesa de un verano inolvidable en tierras niponas, donde los 'Leones de Mesopotamia' rugirán con fuerza.