Internet se extingue en irán: la vida se adapta a un apagón que desafía al régimen
Teherán, Irán – Un silencio digital se cierne sobre Irán desde el 8 de enero, cuando un bloqueo de internet, exacerbado por las protestas, ha sumido al país en una crisis de comunicación. La cotidianidad se redefine mientras los iraníes recurren a métodos cada vez más ingeniosos para mantenerse conectados, desafiando así la voluntad del gobierno.
El bloqueo nacional, una medida de control
El gobierno iraní justificó el corte como respuesta a las protestas que siguen a la muerte del ayatolá Ali Khamenei, pero analistas coinciden en que se trata de una estrategia deliberada para sofocar la disidencia. “Es un bloqueo deliberado impuesto por las autoridades para reprimir el flujo de información y evitar nuevas manifestaciones de disidencia”, afirma Raha Bahreini, investigadora sobre Irán de Amnistía Internacional.
La situación es compleja. Samaneh, una ciudadana iraní, intentaba acceder a la información sobre su visa migratoria cuando el corte la frustró. El incidente refleja la realidad de millones que se enfrentan a la imposibilidad de realizar trámites esenciales. “Los iraníes sospechosos de usar VPN desde el inicio de la guerra han recibido mensajes de texto de advertencia supuestamente de las autoridades”, advierte Mahsa Alimardani, de la organización internacional de derechos humanos Witness.
La resistencia digital: una carrera contra el tiempo
Ante la ausencia de internet convencional, los iraníes han encontrado alternativas. Las llamadas telefónicas, aunque esporádicas y costosas, se han convertido en un canal de comunicación. “La gente evita hablar abiertamente sobre temas políticos, por temor a ser escuchada”, explica Bahreini.
Pero la verdadera resistencia reside en las tecnologías de encriptación. Las Redes Privadas Virtuales (VPN), antes utilizadas por millones, han caído a menos de 100.000 usuarios diarios. Keith McManamen, director de datos e información, señala que “la situación es extremadamente dinámica. Estamos viendo cambios no solo de día en día, sino de hora en hora”. Servicios como Psiphon y Lantern, también populares, ahora son accesibles solo para aquellos con conocimientos técnicos.
La transmisión satelital a través de equipos domésticos como Toosheh, facilita la difusión de información, incluso con la represión gubernamental. “Desde el cierre de internet en enero, miles o cientos de miles de personas han recurrido a Toosheh”, informa Emilia James, directora de proyectos del grupo.
El servicio de internet satelital Starlink, propiedad de Elon Musk, ha emergido como una opción, aunque su alto costo –alrededor de $2000 en el mercado negro– lo hace inaccesible para muchas regiones, especialmente en provincias como Baluchistán y Kurdistán, donde la represión es más severa. Amnistía Internacional ha documentado allanamientos y detenciones de personas que poseían terminales Starlink. Las sanciones por comunicarse con el exterior oscilan entre penas de prisión y la pena de muerte.
Un futuro incierto
La persistencia del bloqueo de internet no solo paraliza la economía y limita la libertad de expresión, sino que también sienta un precedente preocupante. La capacidad de una nación para controlar el flujo de información representa una amenaza para los derechos humanos fundamentales. La adaptación de la sociedad iraní a esta nueva realidad digital es una prueba de su resiliencia, pero la pregunta que queda en el aire es si esta resistencia podrá prevalecer frente a la determinación del régimen de mantener el control.