Videla: el dictador que negó el arrepentimiento, incluso al indulto
Jorge Rafael Videla, figura central de la dictadura argentina que desató el terrorismo de Estado entre 1976 y 1983, falleció sin jamás reconocer la magnitud de los crímenes cometidos. Su postura, incluso tras ser condenado a prisión perpetua, desafió la comprensión y reavivó las heridas de una nación que busca, con dificultad, cerrar el capítulo más oscuro de su historia.
Un prisionero político, según su propia versión
A pesar de la sentencia, Videla se aferró a la creencia de ser un “preso político”, un mártir de la “guerra victoriosa contra el terrorismo marxista”. Esta autopercepción, obstinada incluso tras la cárcel, se agudizó cuando el entonces presidente Carlos Menem lo indultó en 1990, una decisión que, paradójicamente, él mismo cuestionó, rompiendo con el espíritu de impunidad que caracterizó a la transición argentina.
El indulto, concedido también a otros jerarcas militares y a Mario Eduardo Firmenich, líder de Montoneros, buscaba, según Menem, una reconciliación nacional. Pero la reacción de Videla, asistir a misa y comulgar públicamente el día siguiente, seguida de una carta a los medios reclamando un “pleno desagravio personal e institucional”, encendió la polémica y provocó la reprimenda del general Martín Bonnet, quien le advirtió sobre el daño a la imagen de las Fuerzas Armadas.
La iniciativa de Menem, bautizada por algunos como una “pax menemista”, pretendía calmar a los militares, presionados por los juicios por violaciones a los derechos humanos, y desactivar posibles rebrotes guerrilleros. Sin embargo, el 70% de la población se opuso a los indultos, evidenciando un profundo malestar social.
La rivalidad con massera: un conflicto dentro de la dictadura
La intransigencia de Videla generó tensiones incluso con sus antiguos camaradas. El almirante Emilio Eduardo Massera, su enemigo interno desde tiempos de la dictadura, no tardó en criticar el indulto, argumentando que “extingue la pena, pero no borra la culpa”. Esta postura, que Massera consideraba una defensa de las Fuerzas Armadas y de la República, desató una abierta disputa entre ambos, separada por figuras como Roberto Viola y Ovidio Riccheri.
Lo que nadie cuenta es que incluso tras el indulto, Videla seguía anclado en el discurso de la época, defendiendo el consenso militar que precedió al golpe del 24 de marzo de 1976. Una reunión clave para la toma de poder tuvo lugar apenas veinte días antes, en el Edificio Libertador, donde Videla, Massera y el brigadier Agosti deliberaron sobre la creciente violencia y la necesidad de actuar con mano dura.
“Estábamos de acuerdo en que había que eliminar a un número grande de personas para ganar la guerra contra la subversión; era el precio para ganar la guerra”, confesó Videla en una entrevista posterior, revelando la frialdad con la que se planeó la represión. La cifra, entre 7.000 y 8.000 personas, ilustra la magnitud del horror.
Videla acuñó el término