Hezbolá responde: ataques con drones a bases israelíes tras bombardeos en líbano

La escalada en la frontera entre Líbano e Israel se intensificó este martes con una serie de ataques con drones reivindicados por Hezbolá contra bases militares israelíes, en una clara represalia por los bombardeos del Ejército israelí sobre decenas de localidades libanesas, incluida Beirut. La tensión, que ya llevaba más de un año de incidentes esporádicos, parece encaminarse hacia un conflicto más abierto.

El ataque de hezbolá: golpes a radares y salas de control

Según fuentes de Hezbolá, los drones impactaron en la base de Nafah, ubicada en los Altos del Golán sirios –un territorio ocupado por Israel desde 1967– y en la base aérea de Ramat David, al sureste de Haifa. La segunda, según el grupo chií, fue el blanco principal, con el objetivo de dañar “radares y salas de control”, uno de los tres centros neurálgicos de la Fuerza Aérea israelí. La declaración, difundida a través de la cadena Al Manar, justifica la acción como una respuesta directa a la “criminal agresión israelí” que ha afectado a numerosas ciudades y pueblos libaneses, incluyendo los suburbios sureños de Beirut.

El Ejército israelí, por su parte, ha intensificado sus ataques contra Líbano por segundo día consecutivo, ordenando la evacuación de residentes en áreas clave como Haret Hreik y Hadath, ambas en el sur de la capital libanesa. El portavoz en árabe de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), Avichai Adrai, ha lanzado una advertencia contundente, acusando a los civiles de situarse “cerca de instalaciones y objetivos pertenecientes a Hezbolá”, amenazando con atacar “con fuerza próximamente”. Esta advertencia se extiende a más de 50 localidades del este y sur del país, incluyendo Jiam, Marjayún, Bint Jbeil, Nabatiyé y Sidón.

La justificación de hezbolá: un “derecho legítimo” tras un año de violaciones

La justificación de hezbolá: un “derecho legítimo” tras un año de violaciones

Hezbolá ha defendido su ataque de la víspera como un “acto defensivo y derecho legítimo”, argumentando que se produce tras más de un año de violaciones del alto el fuego por parte de las FDI. La retórica del grupo chií se ha endurecido aún más tras la difusión de rumores sobre la supuesta muerte del ayatolá Alí Jamenei, el líder supremo de Irán, en una campaña de bombardeos atribuida a Estados Unidos e Israel el pasado sábado, aunque estos rumores no han sido confirmados por fuentes oficiales.

La situación humanitaria en Líbano es alarmante. Más de 50 personas han muerto y 154 han resultado heridas a consecuencia de los ataques israelíes, que han provocado el desplazamiento forzoso de al menos 29.000 ciudadanos, según las autoridades libanesas. El alto el fuego, alcanzado en noviembre de 2024, se ha convertido en una mera formalidad, con Israel lanzando decenas de bombardeos a pesar de las críticas del Gobierno libanés, del grupo chií y de Naciones Unidas.

Un punto clave de fricción persiste en la presencia de cinco puestos militares israelíes en territorio libanés, una violación del acuerdo que ambos países se comprometieron a cumplir. La demanda de Beirut y de Hezbolá de que Israel retire sus tropas del sur de Líbano sigue sin ser atendida, alimentando la tensión y aumentando el riesgo de una confrontación más amplia. La diplomacia internacional se ha visto hasta ahora incapaz de detener esta espiral de violencia, dejando a la región al borde de un nuevo y peligroso conflicto.