Estafa piramidal en mendoza: un maratonista denuncia pérdidas millonarias
La Justicia mendocina investiga un presunto esquema de estafa que habría afectado a decenas de inversores, incluyendo al reconocido maratonista Ignacio Erario, quien ha denunciado la pérdida de 28.000 dólares. La trama, orquestada por un abogado, un empresario y un tercero, prometía rendimientos astronómicos, pero terminó en silencio y frustración para sus víctimas.
Un negocio que prometía lo imposible
Según las denuncias, Iván Yoma, Pablo Falco y Rodrigo López Casado, a través de la firma Construtec, ofrecían a inversores rendimientos mensuales del 2,5% en dólares, supuestamente respaldados por créditos prendarios e inversiones inmobiliarias. Un atractivo irresistible que sedujo a numerosos particulares, con la promesa de multiplicar su capital rápidamente. Lo que nadie cuenta es que la realidad, al parecer, distaba mucho de las promesas escritas en los contratos.
El esquema, tal y como reconstruyen las autoridades, comenzó con préstamos prendarios, pero derivó rápidamente en la compraventa de vehículos e incluso en un proyecto inmobiliario. Pero hay un detalle que preocupa especialmente a los investigadores: a partir de principios de 2025, los pagos prometidos dejaron de llegar, sumiendo a los inversores en la incertidumbre y la desesperación.
Un inversor, quien prefiere mantener su anonimato, relató cómo Falco, uno de los acusados, oscilaba entre negar cualquier conocimiento de la situación y tratar de calmar a los afectados, instándolos a esperar la intervención de Yoma. La situación, lejos de resolverse, escaló hasta desencadenar las denuncias formales.
El descargo del maratonista y la réplica legal
La denuncia tomó un giro aún más mediático cuando Ignacio Erario, ganador de los 21k de Buenos Aires en 2023 y subcampeón sudamericano de maratón en 2024, alzó la voz. El corredor, quien había invertido sus ahorros de años con la esperanza de construir una vivienda para su familia, narró públicamente su desilusión y frustración en redes sociales. “Fueron diez años de entrenamiento, de trabajo…”, lamentó Erario, visiblemente afectado.
La respuesta no tardó en llegar. Yoma, a través de sus redes sociales, intimó a Erario por presunta difamación, amenazando con una demanda por daños y perjuicios a su imagen y honor. La ironía es palpable: el atleta, que había confiado sus ahorros en la empresa, ahora se enfrenta a una posible demanda por expresar su experiencia. Los imputados, por su parte, insisten en que no se trata de una estafa, sino de un negocio que simplemente no prosperó.
El fiscal de Delitos Económicos, Hernán Ríos, continúa investigando el caso, tras los allanamientos y el secuestro de documentación. La cifra de damnificados podría ascender a entre 20 y 50 personas, con pérdidas que suman cerca de 540.000 dólares. La investigación se centra ahora en determinar el destino final de los fondos y en esclarecer el alcance real de la presunta estafa.
La historia de Erario y los demás inversores es un crudo recordatorio de la importancia de la cautela y la diligencia al momento de invertir, especialmente en ofertas que prometen rendimientos demasiado buenos para ser verdad. La confianza, en este caso, resultó ser una trampa.