El miedo a ser juzgada silencia a muchas gitanas en el trabajo
Carmen, una mujer mallorquina de 32 años con tres hijos, lucha contra un fantasma: el miedo a ser discriminada por su origen gitano en el trabajo. Su historia, una de las muchas que emergen con motivo del Día Internacional del Pueblo Gitano, expone una realidad persistente en la sociedad española: la invisibilización y el temor a la exclusión.

Integración: un camino sembrado de prejuicios
Participa en el programa 'Calí' de la Fundación Secretariado Gitano (FSG) en Palma de Mallorca para mejorar su formación laboral, pero confiesa que el silencio es su mejor defensa. "Soy gitana, pero no lo digo en el trabajo, tengo miedo a que me califiquen o me juzguen", revela Carmen, quien solo espera que llegue el día en que el racismo sea una reliquia del pasado. La FSG, que abrió su primera oficina en Baleares el pasado octubre, ha puesto de manifiesto esta problemática a través de testimonios como el de Carmen.
Lejos de ser una excepción, siete mujeres que participan en los programas formativos de la FSG niegan rotundamente que la comunidad gitana rehúya el trabajo o la integración. Noemí, una de ellas, destaca la importancia de la educación para sus hijos: "Quiero que sean mejores que su padre y su madre y que, si pueden, lleguen a la universidad, como todos". La ambición de superación es palpable en cada una de ellas.
Loli, otra participante, apunta a la desigualdad de oportunidades como un factor clave: "Los gitanos no han tenido tantas oportunidades como los 'castellanos'", afirma, utilizando un término que, aunque coloquial, revela una clara conciencia de la brecha existente. La fundación se erige, por tanto, como un puente hacia la igualdad.
La FSG, que atiende a entre 1 y 1,3 millones de gitanos en España, se centra en la educación, la inserción laboral, la lucha contra la discriminación y el acceso a la vivienda y los servicios sociales. Pero la situación educativa es alarmante: el 62,8% de los jóvenes gitanos entre 16 y 24 años no terminan la ESO, una cifra que contrasta con el 4% de la población general.
Juan, un gitano que imparte clases de educación digital en la oficina de Palma, subraya la motivación de los jóvenes: "Es muy gratificante ayudar a mi comunidad; veo a los chicos muy motivados". Josemi, el orientador pedagógico, complementa su labor ofreciendo cursos de apoyo escolar y tutorías a las familias, conscientes de la necesidad de contar con referentes positivos: “Gitanos con FP, gitanos abogados o gitanas ingenieras, el ejemplo lo es todo”.
La apertura de la oficina en Palma fue recibida con entusiasmo, como relata el director de la FSG en Baleares, Luis Perea: "Una mujer gitana pasó por allí de casualidad y le soltó a su amiga: 'Mira, por fin un sitio para los gitanos; nunca encontramos nada para nosotros'”. Esa simple frase encapsula la necesidad de espacios seguros y de apoyo para una comunidad que aún lucha por ser vista y respetada.
Desde su llegada a la península en 1425, con la denominación de 'egipcianos', la comunidad gitana ha enfrentado prejuicios y discriminación. El Día Internacional del Pueblo Gitano, celebrado el 8 de abril, conmemora el primer Congreso Mundial Romaní/Gitano de 1971 en Londres, donde se instituyó la bandera y el himno, símbolos de una identidad orgullosa y resiliente.