Drones y guerra: colombia refuerza su defensa ante amenazas aéreas

El Ministerio de Defensa colombiano ha endurecido las medidas para frenar la creciente amenaza de ataques con drones por parte de grupos armados ilegales. En 2025, se registraron 195 incidentes relacionados con aeronaves no tripuladas utilizadas para fines delictivos, una escalada que ha obligado a una respuesta contundente por parte del gobierno.

Un nuevo frente en el conflicto: drones como arma estratégica

Un nuevo frente en el conflicto: drones como arma estratégica

Grupos como el Clan del Golfo (EGC), las disidencias de las Farc lideradas por Iván Mordisco y Alexander Díaz Mendoza, alias Calarcá, e incluso el ELN, han incorporado los drones a su arsenal, empleándolos para el reconocimiento, el transporte de explosivos y, potencialmente, para atacar objetivos estratégicos. La cifra de 195 ataques a la fuerza pública con drones cargados de explosivos el año pasado es un claro indicativo de la gravedad de la situación.

La resolución 000242 de 2025, piedra angular de esta nueva estrategia, introduce restricciones significativas a la importación de drones y sus componentes. Ahora, la declaración de importación anticipada es obligatoria para las partidas arancelarias 88.06 y 88.07, y la entrada de estos dispositivos se limita a dos puntos específicos: Cartagena y El Dorado. Además, se ha prohibido la importación a través de correo postal y envíos urgentes, cerrando una vía de acceso rápida y difícil de rastrear.

Pero hay un detalle crucial: la reciente incautación de un dron de alta tecnología valorado en más de 70 millones de pesos en Vichada, en poder del ELN, subraya la sofisticación de los equipos que están llegando al país. Este dron, destinado inicialmente al seguimiento de tropas y al lanzamiento de explosivos contra la población civil, revela la capacidad de estos grupos para adquirir tecnología avanzada.

El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, ha anunciado la puesta en marcha de pruebas técnicas con más de 40 empresas que ofrecen soluciones para el control de drones, en un proceso que se espera concluya en mayo. Sánchez ha sido claro: los líderes de estos grupos armados organizados (GAO) ya no se aferran a las ideologías de sus fundadores, sino que se han convertido en meros narcotraficantes, sobreviviendo gracias a la minería ilegal, la extorsión, el secuestro y el contrabando. Los enfrentamientos entre facciones, como se ha visto recientemente, son simplemente disputas por rutas y recursos ilícitos.

La cooperación interinstitucional y la actualización constante de las normativas son, según el Ministerio de Defensa, las claves para hacer frente a este nuevo desafío. La seguridad de la población civil y la protección de la infraestructura estratégica del Estado son, sin duda, la máxima prioridad.

El panorama es claro: la guerra en colombia ha adquirido una nueva dimensión. La respuesta del Estado, aunque tardía, apunta a un reconocimiento de la amenaza y a la necesidad de adaptarse a las nuevas tácticas empleadas por los grupos armados. El control del cielo se ha convertido en un campo de batalla esencial.