Desconecta para reconectar: adolescentes abandonan el móvil en un camino de santiago

Aspe (Alicante) – Ocho jóvenes entre 14 y 18 años se aventuran a desconectar del mundo digital durante cinco días en el Camino de Santiago. La iniciativa, que comienza el 28 de marzo, busca romper con la adicción al móvil y fomentar nuevas formas de conexión humana.

Un experimento para combatir la nomofobia

Un experimento para combatir la nomofobia

La experiencia, organizada por el psicólogo Gonzalo Soria, el psicólogo Orlando García y la educadora Vanesa Elvira, se dirige a una generación que, según datos recientes, dedica más de cinco horas diarias a sus dispositivos. La iniciativa “Desconecta en el Camino”, en su quinta edición, surgió ante el preocupante aumento del aislamiento social entre adolescentes, exacerbado por el uso excesivo del móvil.

Durante la travesía, los participantes entregarán sus teléfonos móviles, relojes y tarjetas. Esta medida radical pretende eliminar la tentación de compartir actualizaciones en redes sociales y fomentar la interacción cara a cara. Una participante de años anteriores confesó registrar entre 6 y 7 horas de uso diario del teléfono, un hábito que la hizo cuestionar su propia relación con la tecnología.

“Al principio se sienten desubicados, pero al poco tiempo se olvidan y aprovechan para hablar, caminar y simplemente estar presentes”, explica Gonzalo Soria. El equipo terapéutico realiza sesiones individuales y grupales centradas en las adicciones y la importancia de las relaciones reales. La joven Carla González García, de 17 años, relató haber comprendido la magnitud del tiempo que dedicaba al teléfono, hasta 7 horas al día, al participar en el Camino.

La experiencia también pone de manifiesto la paradoja de tener miles de “amigos virtuales” sin cultivar relaciones offline. En los albergues, se organizan terapias grupales que abordan temas relacionados con las redes sociales, como la presión por proyectar una imagen perfecta.

La cifra habla por sí sola: una encuesta reciente revela que el 78% de los jóvenes considera que no puede pasar ni una hora sin acceder a su móvil. El Camino de Santiago, lejos de ser una mera peregrinación, se convierte en un laboratorio social para explorar la desconexión y, quizás, redescubrir la conexión humana.

El reto es claro: reemplazar la validación externa de las redes sociales con la riqueza de las interacciones directas. Un viaje donde la autenticidad, no la apariencia, se convierte en el principal atractivo.

La experiencia, que se desarrolla entre Sarria y Santiago, no solo ofrece un respiro digital, sino que plantea una reflexión sobre cómo la tecnología está redefiniendo nuestras relaciones y la forma en que experimentamos el mundo.

La desconexión digital puede ser una forma de reconectar con uno mismo y con los demás. Un experimento social con resultados que podrían cambiar la forma en que los jóvenes se relacionan.