cultura

Los ojos que guían: la guerra cegada de toscana y el eco de bulgaria

David Toscana, premio Alfaguara, desentierra una leyenda sangrienta: quince mil soldados ciegos, enviados a casa tras la devastadora derrota bizantina en Clidio en 1014. El emperador Basilio II, en un acto de crueldad titánica, les arrebató los ojos, confiando en que un hombre de cada cien, los tuertos, los guiaría de vuelta a Bulgaria.

La pesadilla de la plaza pública

El libro, que ya está en librerías, no narra la historia de los ciegos en sí, sino la paranoia que invadió la ciudad. El miedo, más aterrador que cualquier ejército invasor, se extendió como una enfermedad. Se cerraron las puertas, la gente se aferraba a las murallas, buscando una visión que no llegaba. La imagen de esos hombres, despojados de su visión y de su honor, era un horror palpable.

Samuel y la orden silenciosa

Samuel y la orden silenciosa

El emperador búlgaro Samuel, observando el ejército ciego desde la torre oriental, ordenó a sus arqueros que no dispararan, que abrieran las puertas. No fue un acto de clemencia, sino una estrategia, una forma de utilizar la propia desgracia del enemigo para su beneficio. Esta es la esencia de la novela de Toscana: la deshumanización, la brutalidad y la manipulación del poder.

El autor revela su inspiración

El autor revela su inspiración

“No cuento la historia de los ciegos, sino la leyenda de los ciegos,” declara Toscana por teléfono desde Argentina. Su viaje, desde Monterrey hasta Cracovia y Madrid, lo ha llevado a sumergirse en la historia bizantina, inspirado por un historiador polaco que reconoció el potencial de la narración novelística para desentrañar eventos olvidados. La historia de Bulgaria, tallada en piedra por generaciones, se convierte en el telón de fondo de esta inquietante epopeya.

Más allá de la historia: un reflexo del presente

La novela, con su mezcla de humor negro y horror, pone de manifiesto la capacidad de la ficción para interpretar la realidad, para desvelar las dinámicas de poder y las consecuencias de la violencia. Toscana describe cómo la falta de escritura perpetúa la distorsión de los hechos, transformando la tragedia en leyenda. La intención del autor no es simplemente relatar un evento histórico, sino explorar la forma en que las sociedades se narran a sí mismas, cómo la memoria se construye y se reconstruye.

Un llamado a la reflexión

“La novela tiene que ser un objeto filosófico. Las novelas que recordamos, los clásicos que leemos y releemos, son los que nos ayudan a interpretar la vida y a filosofar,” afirma Toscana. La novela no es un escape de la realidad, sino una herramienta para cuestionarla, para profundizar en los temas de la soledad, la guerra, la venganza y la condición humana. El autor sugiere que la literatura, al contrario, es capaz de alumbrar nuevas posibilidades de mundo, de despertar nuestra conciencia y de nos hacer preguntas importantes.

El precio de la historia

Con sus pies acostumbrados a las calles de España, Polonia y México, Toscana define su trabajo como “pintar el mundo para pintar mi aldea”. La lectura, para él, no es un refugio, sino una forma de explorar la complejidad de la existencia, de entender que la historia no es una narración objetiva, sino una interpretación humana, sujeta a la distorsión y al sesgo. La Feria del Libro de Buenos Aires es solo una parada en su trayectoria, un punto de conexión con nuevos lectores y una oportunidad para compartir su visión del mundo.