Cuba: la desigualdad se profundiza tras la retirada de la ayuda soviética
La escasez de electricidad, alimentos y medicinas en Cuba revela una crisis económica que se agrava, evidenciando una fractura social cada vez mayor.
La gasolina, un reflejo de la brecha creciente
En Matanzas, la cola interminable en la gasolinera Los Pinos no es solo una espera por combustible; es un síntoma palpable de las profundas divisiones que laceran a la isla. El sistema de colas, donde se memorizan rostros y matrículas, se ha convertido en un juego de supervivencia, un intento desesperado por asegurar unos pocos litros de gasolina en un país donde el embargo estadounidense y el repliegue estatal han erosionado la economía.
El precio del combustible en el mercado negro ha disparado los costos. A finales de febrero, la gasolina que antes se vendía por 2.000 pesos por litro, alcanzaba los 6.000 en algunos lugares. Aquellos que disponen de dólares, ya sea por remesas o a través de negocios privados, se benefician de una economía dolarizada paralela, mientras que el salario promedio de un empleado estatal –equivalente a 15 dólares al tipo de cambio no oficial– apenas cubre las necesidades básicas. La escasez de arroz, azúcar y carne, que se intensificó en 2023, obliga a muchos a recurrir a la mendicidad y a cocinar con carbón, cuyo precio se ha disparado hasta 1.300 pesos en el este del país.
La situación es especialmente crítica en Guantánamo, donde la electricidad es intermitente y las oportunidades laborales son escasas. Mientras que en los barrios más acomodados los bares y restaurantes rebosan de vida, en zonas como San Justo, la periferia este de la ciudad, la falta de servicios básicos es una constante. Los negocios privados, aunque más eficientes, también enfrentan nuevos desafíos con la nueva política de importación de combustible, que ahora debe pasar por el puerto de Mariel, aumentando los costos de transporte.
El presidente Donald Trump anunció, a finales de febrero, que permitiría a empresas privadas importar combustible, siempre y cuando no llegue al Estado. La medida, destinada a aliviar la crisis, podría generar un caos de empresas fantasma sin experiencia en importación, exacerbando aún más la situación.
La historia de emigración es un hilo conductor que une a muchos cubanos con familias en el extranjero y, por ende, con remesas que representan una fuente vital de ingresos. Pero esta dependencia de las remesas acentúa la desigualdad, creando una dicotomía entre quienes tienen acceso a dólares y quienes no.
La crisis en Cuba no es un fenómeno nuevo, pero su intensidad actual, agravada por factores económicos y políticos, plantea interrogantes sobre el futuro de la isla. La realidad es que la brecha entre ricos y pobres se ensancha, y la supervivencia diaria se ha convertido en una lucha constante.
El olor a café recién hecho se mezcla con el humo del carbón en las calles de Cuba, un recordatorio amargo de una nación dividida por la desigualdad.