Cuba al borde del colapso eléctrico: apagones masivos y tensiones con ee.uu.
La Habana se prepara para un sábado negro. La isla, ya sumida en una profunda crisis energética desde mediados de 2024, enfrentará cortes de suministro que afectarán a más de la mitad de su territorio, según la Unión Eléctrica (UNE). El panorama, agudizado por el bloqueo económico de Estados Unidos, pone en jaque la vida cotidiana y la ya precaria economía cubana.
La escasez se agrava: 1.540 mw de déficit
La UNE proyecta una demanda máxima de 3.000 MW para este sábado, mientras que la capacidad de generación apenas alcanzará los 1.460 MW. Esa brecha de 1.540 MW se traducirá en la desconexión de 1.570 MW, dejando a oscuras a un 52% de la población. Seis de las dieciséis centrales termoeléctricas del país están fuera de servicio, entre averías y mantenimiento, una situación que se suma al problema de la falta de combustible debido a las sanciones estadounidenses.
Las Naciones Unidas han calificado las medidas impuestas por Washington como una violación de los derechos humanos, pero la administración Biden se mantiene firme en su política de presión sobre el régimen cubano. La cifra habla por sí sola: el país necesita unos 100.000 barriles de petróleo diarios para funcionar, y solo logra obtener 40.000 de su propia producción. Una dependencia que, exacerbada por el bloqueo, se torna insostenible.

Un respiro temporal: la llegada del crudo ruso
El martes pasado, el buque petrolero ruso Anatoli Kolodkin atracó en Cuba con 730.000 barriles de crudo, un alivio que, sin embargo, es más bien una ilusión a corto plazo. El proceso de refinamiento tardará entre 15 y 20 días, y la distribución de los combustibles derivados otros diez. El crudo ruso se destinará a la producción de gas licuado, diésel para la generación de electricidad y actividades esenciales, además de fueloil para las centrales generadoras y gasolina.
Pero, como señala el propio gobierno cubano, este es solo un “alivio momentáneo”. La crisis energética, con sus siete desconexiones totales del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) en el último año y medio, es el reflejo de un problema estructural: un sistema eléctrico obsoleto, agravado por un contexto político y económico cada vez más hostil. La factura, esta vez, la paga la población cubana, sumida en la incertidumbre y la oscuridad.
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