Costa rica: récord de arrestos, ¿basta para frenar la inseguridad?

Casi 215,000 detenciones en 2025. Una cifra que, según el ministro de Seguridad, Mario Zamora, marca un punto de inflexión en la lucha contra el crimen en Costa Rica. Pero, ¿es este despliegue policial masivo la solución definitiva, o solo un parche en una herida más profunda?

Triplicando la presencia policial: ¿estrategia o demostración de fuerza?

El gobierno costarricense ha apostado fuerte por un aumento drástico en la presencia policial, triplicando el patrullaje en aire, mar y tierra. Zamora lo presenta como una estrategia integral, una respuesta contundente a la creciente influencia del narcotráfico y la escalada de violencia que ha asolado al país en los últimos años. La Fuerza Pública, según el ministro, está operando “al tope de sus capacidades”, un eufemismo que, inevitablemente, implica un esfuerzo sobrehumano por parte de sus efectivos. La cifra de aprehensiones, la más alta en la historia del país, parece respaldar la efectividad de esta política.

Pero la realidad es más compleja. Si bien las acciones coordinadas con agencias internacionales como la DEA y el FBI han aumentado en un 300%, golpeando estructuras del narcotráfico, la tasa de homicidios, aunque en descenso, aún se mantiene por encima del objetivo gubernamental de menos de 10 por cada 100,000 habitantes. Actualmente, Costa Rica registra 16 homicidios por cada 100,000 habitantes, una cifra que, aunque inferior a la de periodos anteriores, dibuja un panorama preocupante.

Delitos contra la propiedad: una tasa en declive, pero…

Delitos contra la propiedad: una tasa en declive, pero…

La reducción del 15% en delitos contra la propiedad, como robos y hurtos, ofrece un rayo de esperanza. Zamora atribuye este descenso al fortalecimiento del trabajo policial en las calles y a una mayor presencia de oficiales en puntos estratégicos. Sin embargo, es crucial analizar si esta disminución se debe únicamente a la intensificación del patrullaje, o si factores socioeconómicos subyacentes están jugando un papel significativo. La simple presencia policial, por más robusta que sea, no puede resolver problemas de desigualdad y pobreza que alimentan la delincuencia.

La “pandemia de homicidios”, como la ha calificado el propio ministro, aún resuena en la sociedad costarricense. Más allá de las estadísticas y los despliegues policiales, lo que realmente importa es la percepción de seguridad de la ciudadanía. Recuperar esa confianza, erosionada por años de violencia, requerirá un esfuerzo mucho mayor que simplemente aumentar la cantidad de agentes en las calles.

La policía, por su parte, enfrenta retos significativos: recursos limitados, capacitación deficiente y una creciente desconfianza ciudadana. La solución no pasa por una simple escalada de la represión, sino por una reforma profunda del sistema de seguridad pública, que priorice la inteligencia policial, la prevención del delito y la integración social.

Un dato que a menudo se pasa por alto: la colaboración entre la Fuerza Pública y la Policía de Control de Drogas (PCD) es vital. Sin embargo, la coordinación entre las distintas fuerzas de seguridad aún presenta deficiencias. La articulación de esfuerzos, tanto a nivel nacional como internacional, es la clave para desmantelar las redes criminales que operan en Costa Rica.

Al final, la cifra de 215,000 arrestos es solo un número. Lo que realmente importa es si esa detención se traduce en una sociedad más segura, más justa y más próspera para todos los costarricenses. Y la respuesta, por ahora, sigue siendo incierta.