ciencia

El cerebro engañado: ¿hologramas de ídolos, consuelo o trampa emocional?

La música de Michael Jackson, Whitney Houston o Gustavo Cerati resuena de nuevo, pero esta vez no desde una grabación. Hologramas hiperrealistas los traen de vuelta a los escenarios, desdibujando la línea entre la memoria y la ilusión. ¿Estamos ante una nueva era del entretenimiento o un peligroso juego con el duelo y la percepción?

La neurociencia al descubierto: ¿qué nos hace creer?

La tecnología ha logrado recrear a artistas fallecidos con un grado de fidelidad asombroso, pero la pregunta clave es: ¿cómo lo percibe nuestro cerebro? Según expertos, la respuesta radica en la capacidad predictiva de nuestro sistema nervioso. Claudio Waisburg, neurocientífico y director del Instituto SOMA, explica que el cerebro “no funciona como una cámara pasiva. Usa un sistema bayesiano de predicción: genera expectativas basadas en la experiencia previa y las compara con la información sensorial entrante”. Es decir, al ver un holograma de Michael Jackson, el cerebro, basándose en recuerdos previos, formula hipótesis y ajusta la información sensorial entrante, pudiendo llegar a la conclusión errónea de que el artista está presente.

El giro fusiforme facial, la amígdala y otras áreas cerebrales se activan de manera similar a cuando vemos a una persona viva, creando una sensación de familiaridad y conexión emocional. Pero aquí reside la trampa: la conciencia racional sabe que se trata de una recreación, generando una disonancia perceptiva que puede ser perturbadora.

Duelo en la era digital: ¿reparación o prolongación de la pérdida?

Duelo en la era digital: ¿reparación o prolongación de la pérdida?

Vanina Delpiano, psicóloga, advierte sobre la vulnerabilidad de las personas en duelo. “El duelo, la nostalgia intensa o el deseo de presencia pueden reducir la capacidad de distinguir entre realidad y proyección”. La exposición a hologramas, en estos casos, podría reforzar la sensación de presencia, dificultando la aceptación de la pérdida y alterando la elaboración emocional. Recordar a un ser querido es un proceso interno, pero verlo, incluso en una ilusión, puede ser una experiencia mucho más intensa, como si se tratara de un video.

La memoria humana es maleable, y la exposición repetida a un holograma puede modificar progresivamente el recuerdo original, reemplazándolo por una versión idealizada. Waisburg lo resume con la idea de un “duelo congelado”: si el cerebro recibe estímulos constantes de un holograma, puede no completar el proceso natural de reorganización tras la pérdida.

Precaución clínica: el riesgo de confundir la realidad

Precaución clínica: el riesgo de confundir la realidad

Los hologramas no son una simple novedad tecnológica; son un desafío para nuestra percepción y nuestro bienestar emocional. La neurocientífica Laura Jurkowski destaca que “la exposición frecuente a hologramas de un ser querido fallecido puede modificar gradualmente la manera en que el cerebro almacena el recuerdo de esa persona”. Es crucial, por tanto, la supervisión clínica antes de experimentar este tipo de tecnologías, especialmente en personas vulnerables.

El cerebro responde con las mismas reacciones fisiológicas, como llanto o tensión muscular, tanto a una amenaza real como a una suficientemente vívida. Por lo tanto, las respuestas físicas ante un holograma pueden ser tan intensas como las vividas en la experiencia original, con potenciales complicaciones médicas.

En definitiva, la tecnología nos ofrece la posibilidad de revivir a nuestros ídolos, pero a un precio: el riesgo de confundir la realidad y prolongar el dolor del duelo. La pregunta no es si podemos hacerlo, sino si debemos hacerlo.