Chiapas: el ezln denuncia la politización del dolor de las víctimas
En medio de una creciente crisis de desapariciones forzadas que ha expuesto las fisuras internas del Estado mexicano, una voz desde Chiapas ha cortado el debate político con una contundencia escalofriante: las víctimas “no son un número a manosear en los medios de comunicación, sino personas con nombre, historia y vínculos”. Fueron palabras del Capitán Marcos, líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), pronunciadas en un contexto de acusaciones internacionales y una polarización institucional que ha desdibujado la respuesta del gobierno.
La onu alza la voz, méxico responde con una defensa a la contra
La semana estuvo marcada por el anuncio del Comité contra la Desaparición Forzada (CED) de la ONU de llevar el caso de México ante la Asamblea General, una medida que subraya la gravedad de la situación. El organismo documentó 819 acciones urgentes desde 2012 hasta febrero de 2026, un porcentaje alarmante del total global, y un incremento preocupante de nuevas solicitudes en los últimos cinco meses. La reacción del gobierno mexicano fue inmediata y frontal: un rechazo calificado de “tendencioso”, argumentando que el procedimiento internacional no es pertinente en un país donde el Estado sí actúa. La ironía, por supuesto, reside en la evidencia contraria.
La fractura institucional se hizo aún más evidente cuando la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) respaldó la postura gubernamental, descalificando el informe de la ONU por basarse en “posturas sesgadas de ONG”. En el extremo opuesto, la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México celebró el dictamen como una oportunidad de diálogo. Dos comisiones, dos interpretaciones, una misma realidad: la incapacidad del Estado para afrontar la crisis de desapariciones.

El ezln: un contrapunto moral ante la instrumentalización del dolor
En este escenario de confrontación, el Capitán Marcos, desde San Cristóbal de las Casas, recordó que la lucha de los colectivos de búsqueda ha sido “utilizada con fines político-partidistas”. Alertó sobre los intentos sistemáticos de cooptación y manipulación, enfatizando que la resistencia genuina reside en la claridad de objetivos e historia. “Sólo así no se rinden, no se venden y no claudican”, sentenció.
La mención explícita de los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, con el grito unánime de “26 de septiembre no se olvida, es de lucha combativa”, resonó como un recordatorio brutal de la persistencia del dolor y la impunidad. Marcos, con su habitual pragmatismo, definió la unidad no como una uniformidad ideológica, sino como el “compartir el objetivo”. “El Común no es que todos se organicen igual, sino compartir el objetivo. Muchas luchas, muchos combates y una sola batalla”.
Mientras las instituciones debaten legitimidades y procedimientos, las familias buscadoras continúan cavando, aferradas a la esperanza. El EZLN eligió, una vez más, estar de su lado. La resistencia, según el líder zapatista, no se enseña con palabras, sino que se vive en el ejemplo cotidiano, transmitiendo la capacidad de rebelarse a las futuras generaciones. Y mientras el debate político se diluye en tecnicismos, la imagen de las familias que buscan a sus seres queridos se mantiene como la verdad más inclemente.