Bolivia revive el fervor de la semana santa con procesiones centenarias
La fe católica se desplegó ayer en las principales ciudades de Bolivia con procesiones del Santo Sepulcro que evocan siglos de tradición. Desde La Paz hasta Sucre, las calles se inundaron de recogimiento y devoción, marcando un hito en el calendario religioso del país.
Un legado colonial que persiste
En La Paz, la procesión, que data de finales del siglo XVII, busca replicar las costumbres introducidas por el español José Gurruchaga y su esposa Rosalía Ruiz. Rudy Aponte, miembro de la Cofradía del Santo Sepulcro, destacó la importancia de “recuperar el circuito patrimonial”, volviendo a las rutas coloniales. La imagen del Santo Sepulcro es ahora acompañada por otras cuatro esculturas: el Señor de la Sentencia, el de las Caídas del Gólgota y la Virgen Dolorosa, enriqueciendo la representación de la Pasión.
Pero hay un detalle que escapa a los titulares oficiales: la participación de las autoridades. Aunque la Constitución de 2009 declara a Bolivia un Estado laico, la religiosidad del actual presidente, Rodrigo Paz, ha propiciado un retorno de la presencia oficial en estos actos, incluyendo a las Fuerzas Armadas y la Policía. Un gesto que, para algunos, refleja una contradicción con los principios constitucionales, mientras que para otros, es una manifestación genuina de la identidad boliviana.

Más allá de las imágenes: la esencia de la fe
En Sucre, capital constitucional, la ministra de Turismo, Cinthya Yáñez, se sumó a la procesión, reafirmando una tradición igualmente arraigada en la época colonial. En Santa Cruz, Potosí y Oruro, la población local se unió al recogimiento, elevando oraciones y recordando la Pasión de Cristo. La cifra que habla por sí sola es la asistencia masiva en cada ciudad, un testimonio del arraigo de la fe en la sociedad boliviana.
La Semana Santa continuará con la misa de la Vigilia Pascual el sábado y la celebración del Domingo de Resurrección, concluyendo un ciclo de fervor y reflexión que conecta el pasado colonial con el presente secularizado.