Bolivia: la paridad electoral, una promesa incompleta para las mujeres

A pesar de los avances nominales, las mujeres bolivianas siguen enfrentando una brecha persistente en el acceso al poder local. Las recientes elecciones municipales revelan que, si bien el 9,7% de las alcaldías estarán dirigidas por mujeres, la realidad dista mucho de la igualdad que se proclama desde hace años.

La lenta ascensión al poder municipal

La Coordinadora de la Mujer, una voz resonante en la defensa de la igualdad de género en Bolivia, ha analizado los resultados electorales con crudeza. El porcentaje actual, aunque superior al de 2015 (8,6%) y 2021 (6,5%), pone de manifiesto una dinámica preocupante: por cada 11 hombres que ocupan el cargo de alcalde, solo una mujer logra acceder a él. Como advierte Tania Sánchez, directora de la Coordinadora, “el aumento de mujeres en la política no está cambiando quién ejerce el poder”. La cifra es clara: de 335 municipios, apenas 31 están liderados por mujeres.

Desigualdad territorial: un mosaico de oportunidades perdidas

Desigualdad territorial: un mosaico de oportunidades perdidas

El análisis regional revela disparidades significativas. Departamentos como Beni y Pando muestran una representación femenina notable, con un 31,6% y 20% de alcaldesas, respectivamente. Pero la radiografía es mucho menos halagüeña en otros territorios. Potosí se queda con un magro 4,9%, La Paz con un 5,7%, y la alarmante ausencia de mujeres alcaldesas en ninguno de los 47 municipios de Cochabamba.

La Coordinadora de la Mujer atribuye esta brecha a una oferta electoral desequilibrada. Solo el 13,8% de las candidaturas a la alcaldía fueron presentadas por mujeres, una realidad que limita drásticamente sus posibilidades. Se trata de un problema estructural que va más allá de la simple falta de voluntad política.

Un hito en las gobernaciones, pero la paridad pendiente

En un atisbo de esperanza, las elecciones regionales registraron un hecho histórico: la elección por voto popular de Gabriela de Paiva como gobernadora de Pando. Además, existe la posibilidad de que María René Soruco logre la gobernación de Tarija en la segunda vuelta. Sin embargo, la obligatoriedad de la paridad, vigente en Bolivia desde hace años, sigue siendo una letra muerta en los cargos ejecutivos, un vacío que las organizaciones feministas denuncian con insistencia.

La verdadera transformación, según Sánchez, no reside en la mera presencia de mujeres en la política, sino en la erradicación de las condiciones que obstaculizan su acceso al poder. Solo así se podrá avanzar hacia una democracia paritaria que garantice el ejercicio efectivo del liderazgo político femenino.

Las nuevas autoridades tomarán posesión de sus cargos en mayo, para un periodo de cinco años. El desafío es claro: la igualdad formal no es suficiente. Se necesita una acción decidida para romper las barreras sistémicas que siguen impidiendo que las mujeres bolivianas alcancen su pleno potencial en la arena política.