Bolivia: destrucción de fábricas y escándalo policial en la lucha contra el narcotráfico
En una operación sorpresa que sacude al gobierno boliviano de Rodrigo Paz, las autoridades han confiscado 300 kilogramos de droga y destruido varias fábricas de cocaína en una serie de incursiones simultáneas. Pero la noticia más explosiva es la detención de dos oficiales policiales acusados de manipular droga destinada a la incineración, un incidente que pone en tela de juicio la integridad de la propia Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn).
Operación 200: un balance preliminar
La “Operación 200: por nuestras familias, Bolivia y nuestro futuro”, desplegada entre el 1 y el 3 de abril en cinco regiones clave – Santa Cruz, Cochabamba, La Paz, Tarija y Beni – arrojó un botín considerable: más de 176 kilos de marihuana, 100 kilogramos de cocaína base, 21 kilos de clorhidrato de cocaína y casi 1.000 litros de droga líquida. La Felcn también desmanteló cuatro laboratorios de cocaína en la región del Trópico de Cochabamba, incinerando una cantidad ingente de insumos químicos, incluyendo 2.000 litros de gasolina, ácido sulfúrico, carbonato de sodio y cemento - la maquinaria infernal detrás de la producción de la droga.

La sombra de la corrupción: sargentos implicados en un escándalo
Pero la eliminación de las drogas y los laboratorios es solo una parte de la historia. Lo que realmente ha generado conmoción es la detección de irregularidades en el pesaje e incineración de sustancias controladas. Dos sargentos de la Felcn, sorprendidos alterando droga que debía ser destruida en Cotoca, Santa Cruz, enfrentan ahora 180 días de detención preventiva. Un golpe al corazón de la institución encargada de combatir el narcotráfico.

Un potencial de producción alarmante
La cifra que ha soltado el viceministro de Defensa Social, Ernesto Justiniano, es escalofriante: Bolivia podría producir hasta 300 toneladas métricas de cocaína al año. Supera ampliamente las estimaciones de Naciones Unidas, que situaban la producción en 200 toneladas. Justiniano argumenta que la drástica reducción en la erradicación de la hoja de coca durante la gestión anterior, liderada por Evo Morales, ha propiciado este aumento. El año pasado, solo se destruyeron 2.700 hectáreas de plantaciones, un dato que, sumado a las 10.000 hectáreas que se cultivan anualmente, crea un caldo de cultivo ideal para el narcotráfico.
El dilema de la hoja de coca: consumo legal vs. mercado negro
El gobierno de Paz se enfrenta ahora al desafío de encontrar un equilibrio entre la erradicación de la coca ilegal y el reconocimiento del consumo tradicional y cultural de la hoja. Un estudio de 2016, realizado durante el gobierno de Morales, estimó en 14.700 hectáreas la superficie necesaria para abastecer el consumo legal. Pero la realidad es que, según Justiniano, un 92% de la hoja producida en el Trópico de Cochabamba – un bastión político de Evo Morales – termina en mercados ilegales.
La situación exige una cooperación internacional reforzada y un estudio actualizado para determinar con precisión las necesidades reales y los factores de conversión de la hoja de coca a cocaína. De lo contrario, la lucha contra el narcotráfico en Bolivia seguirá siendo una batalla cuesta arriba, con la corrupción acechando en las sombras y la producción de cocaína amenazando con alcanzar niveles sin precedentes.