Bagdad arde: manifestaciones masivas contra la escalada eeuu-irán
Miles de iraquíes inundaron las calles de bagdad este sábado en una demostración de fuerza y rechazo a la creciente tensión entre Estados Unidos e Irán, desencadenada por los recientes ataques. La protesta, convocada por el influyente clérigo Muqtada al Sadr, pone de manifiesto una creciente inquietud en Irak, un país atrapado entre dos potencias regionales y expuesto a las consecuencias de un conflicto que prefiere evitar.

El eco de sadr resuena en las calles
La llamada a la movilización de al Sadr, un líder con una considerable base de seguidores, logró reunir a iraquíes de diversas sectas y afiliaciones políticas bajo una consigna: la paz. La insistencia del clérigo en un evento pacífico, con la bandera iraquí como único símbolo y consignas unificadas, buscaba evitar cualquier provocación que pudiera exacerbar aún más la situación. El mensaje era claro: Irak no desea ser arrastrado a una guerra.
Desde el inicio de la ofensiva estadounidense e israelí contra Irán el pasado 28 de febrero, Irak ha sido un involuntario escenario de hostilidades. Si bien no es un participante formal en el conflicto, el país ha visto como instalaciones de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), una coalición de milicias –mayormente chiíes y con estrechos vínculos con Irán– son blanco de ataques aéreos. La respuesta de algunas de estas milicias, como Kataib Hizbulá, ha sido igualmente contundente, con ataques con drones y cohetes contra bases militares y embajadas estadounidenses en territorio iraquí, generando un círculo vicioso de represalias.
La situación es delicada. Irak, ya debilitado por años de conflicto y desestabilidad política, se encuentra en una posición precaria. La dependencia económica del vecino Irán, combinada con la presencia militar estadounidense y la influencia de facciones armadas proiraníes, convierte al país en un campo de batalla potencial. Las manifestaciones de hoy, más allá de su condena a la guerra, representan una demanda de estabilidad y un llamado a la diplomacia para evitar una catástrofe regional.
La cifra de participantes, aunque difícil de verificar de forma independiente, se estima en decenas de miles, lo que sugiere el amplio descontento con la escalada del conflicto. La pregunta ahora es si estas voces de paz serán escuchadas por las partes involucradas, o si Irak continuará siendo un peón en un tablero de ajedrez geopolítico peligroso. La historia reciente de la región sugiere que la diplomacia, por dolorosa que sea, es la única alternativa al abismo.