Arte y memoria: el mnac se convierte en terapia para el alzhéimer
Alina, silenciosa ante un retablo románico, rompió el silencio con una sonrisa: "Yo estudié arte cuando era joven". Un instante, un reconocimiento, y la puerta a un recuerdo se abrió. Este no es un día cualquiera en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC). Es una sesión de terapia, una iniciativa pionera de Ace alzheimer Center Barcelona y la fundació Amics del MNAC que está devolviendo la voz a quienes la enfermedad parece silenciar.

Un viaje guiado a través del tiempo
La técnica de la reminiscencia, así la definen sus impulsores, no es más que un puente tendido entre la obra de arte y la memoria personal. Durante los últimos meses, tres visitas han transformado las salas del MNAC en un espacio de sanación emocional, donde el diálogo guiado, los estímulos sensoriales y la interacción social se unen para activar recuerdos autobiográficos en personas con demencia y Alzhéimer.
La doctora Mercè Boada, fundadora de Ace, explica que las imágenes, especialmente las arraigadas en nuestra cultura, actúan como detonantes de recuerdos profundos, aquellos que la enfermedad parece respetar más. “La reminiscencia es ir al pasado para tener presente”, resume Boada, quien ha dedicado su carrera a desentrañar los misterios de las enfermedades neurodegenerativas. El objetivo no es la recuperación total, sino la conexión, la reafirmación de la identidad.
El hilo conductor de la visita es la celebración de la vida, expresada a través del arte. Tres obras, de épocas distintas, se convierten en estaciones en un recorrido simbólico por las etapas vitales: la infancia, la juventud y la edad adulta, facilitando la evocación de recuerdos personales, guiados por una educadora que fomenta la conversación con preguntas abiertas.
El ‘Frontal de Avià’, joya del románico catalán, fue el punto de partida. Ante la representación del nacimiento de Jesús y los Reyes Magos, una de las participantes exclamó: “Hemos celebrado Reyes toda la vida”. Otro recordó, con precisión, los regalos que cada uno de los reyes ofrecía: oro, incienso y mirra. “Una sola imagen”, subraya Boada, “puede estimular el lenguaje, reforzar la identidad y generar emociones positivas”.
Pero la experiencia no se limita a la contemplación. La sesión incorporó estímulos sensoriales, como el olor a mirra frente al retablo, para intensificar la evocación. La música, las máscaras y un pequeño minué improvisado añadieron una capa más de inmersión.
'El minuet' de Tiepolo, por ejemplo, resonó con melodías de la época, invitando a los participantes a bailar. Marina reconoció instantáneamente el carnaval de Venecia, mientras Coia describía los trajes “elegantes y suntuosos”. El psicólogo sanitario de Ace, Joan Farigola, confirma que el balance de las visitas ha sido “muy positivo”, destacando la conexión con recuerdos de infancia, la socialización y el intercambio emocional.
La última parada, frente a 'Un casamiento' de Olga Sacharoff, desató un torrente de recuerdos sobre bodas, compromisos y la “vida compartida hasta la vejez”. José rememoró su propio matrimonio, mientras otros participantes analizaban la obra con una precisión sorprendente.
Para la doctora Boada, trasladar la terapia al museo no solo contribuye a normalizar la enfermedad, sino que también promueve la inclusión social. La iniciativa demuestra que el arte, más allá de su valor estético, puede ser una poderosa herramienta para combatir el aislamiento y devolver la dignidad a quienes la enfermedad amenaza con despojar de su identidad. La sonrisa en el rostro de Alina, al reconocer la técnica pictórica del retablo, es la mejor prueba de ello.