Antioquia: la guerra silenciosa que desangra el norte
El Norte de Antioquia, una región otrora pintoresca, se ha convertido en el epicentro de una escalada de violencia que amenaza con desestabilizar a todo el departamento. Setenta homicidios en lo que va de 2026, frente a los cuarenta y seis del año anterior, son la cruda cifra que refleja un control territorial disputado a sangre y fuego.
La fragmentación del poder armado
La seguridad en la zona se ha deteriorado dramáticamente, no por la aparición de un nuevo actor, sino por la reconfiguración de los existentes. El clan del Golfo, con la subestructura liderada por Luis Hernando Rozo Bertel, se enfrenta a los frentes 18 y 36 de las disidencias de las Farc, y al frente Héroes de Tarazá del ELN. Ituaango, Toledo, San Andrés de Cuerquia, Briceño y Yarumal son los municipios donde la confrontación es más intensa, y donde las tropas han desactivado ocho artefactos explosivos en apenas 11 días, un claro indicador del riesgo extremo.
Pero la guerra no se libra solo con armas. La minería ilícita se ha consolidado como la principal fuente de financiación para estos grupos, superando incluso al narcotráfico. Cobran entre el 10% y el 20% del valor de la producción a los mineros ilegales, un impuesto sangriento que les permite mantener su poder y expandir su influencia.
El gobernador Andrés Julián Rendón señala que la política de paz total, en su aplicación actual, ha facilitado la expansión de estos grupos en zonas rurales. Una afirmación que, si bien controvertida, pone de manifiesto la complejidad del panorama actual.

El giro estratégico de las disidencias
La reciente adhesión del Frente 18 al Estado Mayor Central, liderado por alias Iván Mordisco, marca un punto de inflexión. Tras una ruptura con el Bloque Magdalena Medio, liderado por alias Calarcá, esta facción se ha fortalecido militar y logísticamente, atrayendo a combatientes desde Cauca, Nariño y Guaviare. Un movimiento que ha implicado no solo refuerzos armados, sino también la llegada de recursos económicos y cuadros políticos para reorganizar la estructura.
La presión ejercida por el Frente 36 ha intensificado los enfrentamientos en Briceño y Tarazá, territorios clave por su valor en economías ilícitas. La fragmentación de estructuras tradicionales y la aparición de nuevos actores, como las “Guerrillas Campesinas de los Cabuyos”, han atomizado el conflicto, generando una dinámica aún más volátil.

El terror en las calles: el ataque de briceño
El 3 de abril, una motocicleta cargada con explosivos detonó frente a la estación de Policía en Briceño, dejando un uniformado herido y causando daños materiales. Un ataque que, más allá de los daños, representa una escalada en la violencia y una demostración de la capacidad operativa de estos grupos para atacar en zonas urbanas. El terror se apoderó de los habitantes, conscientes de que la línea entre la tranquilidad y el caos es cada vez más delgada.
Las autoridades nacionales han rechazado el atentado y prometido fortalecer las acciones para contrarrestar estas estructuras, pero la realidad en el terreno es cruda. El Norte de Antioquia se encuentra en una encrucijada, atrapado en una espiral de violencia alimentada por la disputa territorial y el fortalecimiento de economías ilícitas. La cifra de homicidios, que continúa ascendiendo, no es solo un dato estadístico, sino el reflejo de vidas truncadas y un futuro incierto para la región.