Agricultura de carbono en españa: el riesgo de que wall street se apodere de los campos

La agricultura española se enfrenta a un nuevo desafío: la entrada en vigor del Reglamento (UE) 2024/3012, que certifica las absorciones de carbono en suelos agrícolas. La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) advierte que la ausencia de salvaguardas regulatorias podría poner en peligro el modelo profesional y social del sector.

La amenaza de los fondos de inversión

La amenaza de los fondos de inversión

El auge del mercado de créditos de carbono, impulsado por las ayudas de la PAC, ha abierto la puerta a la entrada de fondos de inversión en el sector agrario. Esta dinámica, según COAG, transforma la tierra en un activo financiero, presionando al alza los precios de las fincas y los alquileres rurales.

La organización señala que los créditos agrícolas en el mercado voluntario español oscilan entre 15 y 35 euros por tonelada de CO₂, una cifra significativamente inferior a la francesa, que alcanza los 30 y 40 euros. Esta diferencia refleja la fragilidad del sistema español frente a la especulación.

COAG denuncia que plataformas privadas están orientando sus inversiones hacia explotaciones de gran tamaño y monocultivos, dejando a la agricultura familiar, con una superficie media de 25 hectáreas, en una situación de desventaja. La falta de un mecanismo público de certificación, similar al Label Bas-Carbone francés, agrava esta desigualdad.

Para evitar esta situación, COAG propone medidas concretas: condicionar la certificación a la figura del agricultor activo, vincular las actividades de carbono a la producción alimentaria real, impulsar la certificación colectiva para pequeños propietarios, y fortalecer la transparencia en los procesos de compraventa. Además, aboga por la creación de una autoridad nacional de coordinación y la aplicación de pagos por resultados climáticos complementarios a los eco-esquemas de la PAC.

La organización también exige un marco de protección mínimo para los contratos entre agricultores y plataformas de certificación, así como la creación de un instrumento público de certificación de carbono agrario para evitar la dependencia de estándares privados. La urgencia es palpable: España tiene dos años para evitar que el capital especulativo transforme sus campos en meros instrumentos de inversión.

Los cambios en el reglamento y las políticas públicas son clave. COAG insiste en la necesidad de una articulación efectiva de la certificación de carbono, el sistema de ayudas de la PAC y los instrumentos nacionales de política climática para beneficiar al agricultor profesional y familiar. La creación de una autoridad nacional de coordinación es una demanda clave para asegurar la transparencia y evitar la fragmentación actual.

La cifra habla por sí sola: la falta de regulación podría significar la pérdida de la función social de la agricultura, una consecuencia que no podemos permitir.

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