Adorni: el escándalo que desestabiliza a milei y diluye su mensaje
La erosión de la imagen del gobierno de Javier Milei ha alcanzado una nueva y preocupante fase. El escándalo en torno al jefe de Gabinete, Manuel adorni, lejos de remitir, se consolida como el principal foco de atención política, eclipsando incluso los recientes éxitos diplomáticos de la administración.
La estrategia fallida de milei: culpa ajena y apoyo desmedido
La respuesta del Presidente y su hermana, Karina Milei, ha sido predeciblemente ineficaz: una mezcla de acusaciones dispersas sobre conspiraciones y operaciones políticas, un discurso incendiario dirigido a su base más fiel y un respaldo público, casi teatral, a adorni. Esta estrategia, que busca desviar la atención y movilizar a sus votantes más fervientes, no solo no ha logrado contener la crisis, sino que la ha amplificado, convirtiendo el tema en el centro gravitacional de la agenda política nacional.
El caso, originado por el viaje de la esposa de adorni a Nueva York en una delegación oficial, ha desatado una cascada de revelaciones sobre su patrimonio, generando un impacto cada vez mayor en la ya frágil credibilidad del gobierno. La gestión de crisis, una vez más, expone las deficiencias de un equipo que parece incapaz de evitar el autoboicot y prolonga la vida de los escándalos con una comunicación deficiente.
Las similitudes con el abrupto declive de José Luis Espert son innegables. Ambos referentes libertarios comparten un patrón de defensa obstinada, un respaldo público exagerado y una persistencia en mantener a funcionarios cuestionados a pesar del costo político. Mientras que en el caso de Espert, el resultado electoral actuó como un detonante, en el caso de adorni la situación se agrava por la cercanía del funcionario al núcleo del poder y su rol como vocero combativo en la batalla cultural contra la “casta”.
Lo que nadie cuenta es que el silencio de adorni solo alimenta las especulaciones y aviva el fuego del escándalo.

El contraste con los éxitos diplomáticos y la persistencia de la inflación
El gobierno, en un intento desesperado por recuperar el control de la narrativa, buscó capitalizar la reciente victoria argentina en Nueva York en la disputa por la expropiación de YPF. Sin embargo, incluso este logro, de gran trascendencia política y económica, no fue suficiente para eclipsar la tormenta mediática que rodea a Adorni. La persistencia de la inflación, el descenso del consumo y el temor al desempleo añaden complejidad al panorama, dificultando aún más el intento de revertir la situación.
La esperanza oficial se centra en un segundo trimestre marcado por la liquidación de la cosecha, la posible baja de la inflación y la disminución de las tasas de interés. Un optimismo, quizás excesivo, considerando el contexto económico local y la creciente incertidumbre geopolítica global. La realidad es que el gobierno se enfrenta a un lodazal, donde la solución no reside en estrategias propagandísticas, sino en medidas concretas que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos.
Entre los más cercanos a Milei, la fe en la intervención de “fuerzas superiores” – ya sea el FMI o la victoria de Trump – parece desvanecerse. Los desafíos son terrenales y requieren una gestión pragmática y eficiente. La política de culpar a terceros y aferrarse a un discurso victimista, lejos de resolver los problemas, solo contribuye a profundizar la crisis de credibilidad.