La pareja extranjera quería una mesa en la terraza para beber cerveza y disfrutar con sus dos hijos del buen tiempo de ayer, no tan bueno como el de hoy, jueves 27 de octubre. Hablábamos sobre la anormalidad de tanto sol cuando asoma noviembre, y apareció ese concepto incómodo por real. El cambio climático.
—Parece que sólo hay dos estaciones, verano e invierno —dije.
—Sí, mucho frío o mucho calor —asintieron él y ella.
Entonces mencioné al actor Leonardo DiCaprio, reconocido activista y embajador de la ONU, que está a punto de estrenar el documental “Antes que sea tarde”.
Yo hablé del protagonista de “El renacido” como ejemplo de persona que capitaliza su proyección artística también para subrayar problemas de magnitud que nos afectan a todos, como el cambio climático.

Mi clienta, que es o fue modelo, y que destila belleza natural y sensibilidad, calificó enseguida al que en la década de los noventa fue el niño guapo de Hollywood:
—Es un estirado.
Lo dijo en inglés, y la palabra sonó mucho mejor. Luego me contó una anécdota que si yo fuera periodista del corazón, la adornaría un poco, buscaría en internet cuatro datos reales o falsos, agregaría retórica de perfil bajo y ya tendría una crónica para enviarla a Mediaset.
Mi amiga me dijo que compartió piso en París con una modelo que era novia de DiCaprio. La enamorada ponía empeño, vía móvil, en captar el interés de él, pero Leonardo tenía mejores cosas que hacer. Evitar la decadencia del planeta, por ejemplo. No, a mi clienta no le cae bien DiCaprio, y yo pensaba cuánto da de sí Frailes para que un reportero contraste a pie de calle, en la terraza de mi bar, sin grabadora ni libreta, que la obsesión del actor norteamericano por las modelos rubias dejó al menos un corazón roto.

Gracias a la novela “La fábrica de la luz”, el paso de personas conocidas del ámbito de la cultura por la villa se ha normalizado. He visto comer en mi restaurante a escritores que pensé que nunca conocería, desde Jon Lee Anderson hasta Álex Ayala y, más recientemente, Federico Bianchini. ¿Cómo se explica uno todo esto? El universo de lo global entrando lentamente en la realidad de un pueblo andaluz sin cine ni teatro. A un comentarista de carnaval le escuché el término ‘globlocalización’. Podría ser. El caso es que convertirme desde Frailes en el biógrafo de algunos capítulos de la vida de DiCaprio parece una extrañísima posibilidad.