Es 27 de junio. Otro día. Sé que es un poco temprano, las 10:00 horas cuando escribo estas líneas, pero me apetecía echar la vista atras, al día de ayer, comentar cómo lo pasamos.

Yo tendré que escribir todo en el ordenador, aunque no sé mucho de estas tecnologías, sólo buscar cuatro cosas sin importancia: vidas de actores y algunas canciones.
Bueno, a lo importante: ayer fue la tercera vez que yo, fuese como vocal o como presidenta en una mesa, cumplí con mi deber de ciudadana, pero ¡qué diferente!

Llegamos a las 8:00 horas y comenzamos con todas las actas: que si Congreso, que si Senado. Antonio Romero, ”Minitas”, gracias Antonio, nos ayudaba. “Tranquilos, que todo va a ir bien”, nos dijo. En efecto, todo bien y disfrutamos con Florencio y sus chistes cuando empezaron los ciudadanos a ejercer su derecho al voto.

La concejala del PP Encarnación Castro vino con su niña, una preciosidad. “¿Cómo estás?”, “Yo bien, ¿y tú?”. Ser madre le ha sentado bien. Educada y amable, como siempre. Así todo el día, pronto habría que volver a las actas, esos papeles que estaban un poco olvidados y que no sabíamos muy bien qué hacer con ellos, aunque ya dije que era la tercera vez que he estado en una mesa electoral.

De las dos anteriores hace años. Los representantes de los partidos eran otros: qué de movimiento, había interés,¿preocupación?, comentarios entre ellos, cada uno con los de su partido, cómo acabaría el día de las elecciones. Era responsabilidad en una palabra, como a mí me gusta.

¡Sorpresa! Las horas pasaban y yo no veía el interés de otras veces en el partido que hoy gobierna nuestro pueblo. Un señor entraba y salía, y el alcalde hacía lo mismo. Nada más.

20:00 horas.¡Recuento! Yo veía que los representantes del PP se movían. Estaban sentados con sus “maquinitas“, dale que te pego mientras los demás, preocupados y nerviosos, dudábamos cómo continuar. “¿Esta papeleta?”. Vanessa, interventora del PSOE y bien preparada, respondía, tomábamos la decisión y actuábamos.

Una y otra vez, los dos apoderados del PP a lo suyo, sin colaborar en nada. De vez en cuando, levantaban la cabeza si les preguntábamos muy directamente, decían algo. Si no, ellos seguían mirando para abajo sonriendo al vernos, pobres de nosotros, liados con ese montón de papeletas.

Estoy harta, no me gusta el ambiente, ni su nula colaboración, ni su desinterés (representan a un partido). Llamo a Antonio Romero, viene y, poco a poco, las dudas se van solucionando.
Los señores y la señora del PP se han sentido molestos, porque a mí, como presidenta de la mesa, no me ha gustado su trabajo o, mejor dicho, su “no trabajo”. En un momento dado, a ellos y ella, tan callados, con sus risitas y sus “maquinitas”, se lo he dicho.

¿Qué han hecho? Se han levantado de sus sillas y, cual niños enfadados, han salido de nuestra sección y mesa. Caballeros y señora, somos mayores, representan a un partido, han de dar la cara y deben respetar, si quieren respeto.

Por último, señor juez de paz, usted representa a todos los ciudadanos, y no valen respuestas agrias a palabras dichas en broma. Las palmadas en la espalda, para otro día. Usted, a lo suyo.