En un momento bastante absurdo de mi formación periodística me dio por mandar cuestionarios a fraileros desde Barcelona, donde estudiaba. Lo primero que hacía era contactar con el entrevistado, proponerle la idea y, si aceptaba, enviarle una batería de preguntas. Creo recordar que sólo una persona me dio calabazas. Lo hizo elegantemente: prometió reenviarme el correo con las respuestas y, como termina pasando con todo, lo fue dejando y nunca contestó. Mis preguntas solían ser ridículas. Había una que nunca fallaba: «¿Te ha molestado algún rumor que se haya dicho sobre ti?»

El rumor, lo sabemos los reporteros, no es noticia, pero puede ser su antesala. De manera que cuando escucho uno en el pueblo, sea en la calle o en los bares, lo retengo en la cabeza un tiempo. Si se mantiene vivo más de un día y me resulta interesante, entonces activo a mi entorno:

—Mira, he oído esto. ¿Tú de verdad crees que…?

Todo puede pasar con los rumores. Hay comentarios que precisamente por irreales la realidad los acaba devorando, los hace suyos. Es lo que ocurre, por ejemplo, con el Balneario: de tanto hablar de la obra, algún día estará lista.

Existen también los rumores que duelen no por malvados, sino porque no se cumplen. La lotería. Hace unos veranos, un señor le dijo, con cara sonriente, a mi padre: «Ya me contarás, ya me contarás». En Jaén, recientemente, un torero retirado se metió tanto en el rumor de que le habían tocado doce millones de euros que llegó a decir: «Puede ser, pero no encuentro el boleto».

Un guionista extranjero que vivió en Los Rosales, Frailes y Ventas del Carrizal, entre otros lugares menos recónditos del mundo, me confesó, con gesto de cansancio, que nuestro pueblo ganaba con holgura en la producción de chismes. No me sorprendió, pero tampoco hay que tender al drama: las habladurías están en cualquier parte. Quizá aquí seamos más creativos. Siempre hay una versión más inverosímil que oír después de esa tercera persona del plural tan recurrente, «dicen que…»

¿Eran auténticas las Copas de Europa de España que estuvieron en la Casa de la Cultura? Bueno, no sé. En el periódico, compañeros de Deportes se rieron de mí. Pero el rumor ya estaba circulando en Frailes: la de en medio, la del Mundial, era manifiestamente falsa, pero sobre las otras había dudas, las que cada cual quiera inventar.

No acabaré el artículo sin revelar por qué no morirán nunca los rumores: son gratis. Y ahora, para ahondar en la diversión, existe Facebook.