Juan Andrés Valdivia, de treinta y cinco años, no falla a las Veinticuatro Horas de Fútbol Sala de Frailes desde hace dos décadas. Manuel Bailón, de cincuenta y dos años, llegó a coincidir con Valdivia en el mismo equipo. Ismael Bailón, de veintitrés, hijo de Manuel, jugará este fin de semana la edición veinticuatro del conocido torneo veraniego. Los tres son de Campotéjar (Granada), un conjunto —y un municipio— ligado a la historia del campeonato en Frailes. La organización de la cita deportiva premiará, en la entrega de trofeos, la fidelidad de los campotejeros.

Valdivia, conocido como “Tedy”, asocia el verano a la práctica que más le gusta: el futbol sala. Pisó Frailes con quince años. Entonces la pista era dura como el cemento. “Mis paisanos ya habían participado en un par de ediciones. Me llamaron para irme con ellos. Recuerdo ver un grupo de vacas por el centro del pueblo. El segundo día de competición nos pusimos un pañuelo rojo. Y una vez repartimos helados por toda la grada”, comenta. “Tedy”, agricultor, es el deportista que más veces ha jugado un torneo cuyo formato ha sufrido tantas variaciones, con el paso del tiempo, como el entorno, pues también compitió en Las Carboneras durante la construcción del Pabellón Municipal. “Antes, en mis primeros años, los equipos se enfrentaban en grupos. Después venían las eliminatorias”, manifiesta. A Valdivia no le ha ido mal en Frailes: un campeonato, tres finales y varias semifinales. Intentará sumar su segunda victoria en territorio frailero con la ayuda de su equipo, integrado, en su mayoría, por veinteañeros. “Coincido con mi cuarta generación de jugadores”, señala.

El equipo de Campotéjar, en una edición reciente del torneo

Uno de los compañeros de “Tedy” es Ismael Bailón Gutiérrez, que confía en lograr el triunfo después de completar un doblete en las últimas semanas: las Veinticuatro Horas de Fútbol Sala de Campotéjar y un torneo solidario en Montejícar (Granada). Será su cuarta participación en Frailes. “El año pasado estuvimos a punto. Llegamos muy cansados a semifinales. Apenas tuvimos una hora entre el final de cuartos y el comienzo de la siguiente eliminatoria. Nos eliminó Torredelcampo. Tengo esa espina: quiero llegar a la final. Y ganarla”, afirma. Bailón, que también ejerce de entrenador de fútbol, advierte de la calidad de uno de sus pupilos: Ángel Gálvez. “Es el mejor con diferencia. Llevará el número 3”, apunta.

Las Veinticuatro Horas fraileras son también un álbum de fotos en la familia Bailón. Hace años, Ismael vio cómo su hermano Manuel y su padre, integrantes de dos equipos diferentes de Campotéjar, se enfrentaban en cuartos. La suerte de los penaltis permitió que el hijo derrotase al progenitor. “Me acuerdo que, cuando yo era pequeño, mi padre me despertaba a las cuatro de la mañana para ver los partidos”, dice Ismael, ahora el futbolero más activo del hogar.

Manuel Bailón dejó las pistas por una importante lesión en el tobillo derecho. Ya rondaba la cuarentena. Jugó durante más de una década en torneos veraniego. “Un año le ganamos al equipo de Frailes en la final”, rememora el hoy delegado del equipo campotejero. En aquella época corría al lado de su compañero Francisco Gavilanes, de cincuenta y siete años. “Somos los más viejos. Ahora que mi hijo Ismael juega, me quedo en el banquillo para ayudar en la dirección”, expresa. Recuerda dos nombres, los competidores más talentosos a los que se enfrentó: Román, de Castillo de Locubín, y Paco Lorente “Melones”. “El primero era buenísimo”, dice. La zurda del frailero también imponía. “Si se daba la vuelta con la pelota, era gol seguro. Lo cubrí alguna vez”, agrega. “Tedy” e Ismael hablan con admiración de Miguel Garrido “Mangote”.

El paso de las generaciones ha aumentado, según cuenta Manuel Bailón, el nivel de los jóvenes. “Ahora los chavales son muy técnicos y muestran más rigor táctico que cuando yo era crío. Entonces teníamos garra. Nuestro fútbol era más primitivo. Empecé a jugar en pabellones con pistas de goma a los treinta años”, apostilla.

Manuel e Ismael Bailón y Juan Andrés Valdivia, tres generaciones distintas que saben de Frailes por el fútbol sala, una pasión que conecta municipios gracias al poder de convocatoria del balón. Y de la época estival. Los tres alaban la organización de la cita frailera, a cargo de Antonio Cano. “Siempre nos han tratado de maravilla”, concluyen.