Suena la canción “All of me” en la Casa de la Cultura Michael Jacobs de Frailes. Es la una de la tarde del sábado 21 de marzo. José Vaqueiro —traje gris con una rosa a la altura del corazón, corbata colorida— aguarda a que su compañera Ana García cruce un arco de flores ante la mirada de una docena de familiares y amigos. La mujer, de setenta y cinco años, y el hombre, de sesenta y dos, están juntos desde hace un cuarto de siglo. Ella, que lleva un ramo de novia, camina del brazo de Toni Zafra, marido de María Adela Mudarra, que espera al lado de José. Ana duda unos segundos antes de besar por dos veces al hombre que la cuida día y noche, sobre todo a partir de que la memoria de la anciana, hoy tan joven, se volviese caprichosa.

(«Qué es lo que pasa en esa maravillosa mente/
estoy en tu mágico y misterioso viaje»)

Ana García, con el vestido de novia de una de sus nietas.Ana García, con el ramo de novia.

Ocurrió en el coche de Raquel Mudarra. Viajaban con ella Ana, la abuela, María del Carmen Calvente, la madre, y María Adela, la hermana. José Vaqueiro, gallego afincado en Frailes desde hace una década, estaba sentado junto a su compañera. La conversación, como en los ascensores, no iba a ningún sitio. Hasta que alguien habló de bodas. Fue entonces cuando la pareja resolvió dar el paso que no pudo ser hace dos años. Querían institucionalizar su amor. Querían hacer justo lo que arruina a no pocos matrimonios jóvenes, incómodos en medio de la rutina. Querían celebrar veinticinco años de unión libre.

(«Porque todo de mí ama todo de ti/
ama tus curvas y tus bordes/
tus perfectas imperfecciones»)

Después de que José se emocione, después de que el arroz llueva sobre él y su compañera, Raquel habla en público:

—¿Qué puedo comentar del “gallego”? Es gallego. Si dice que va a meter la cabeza por un sitio, la mete. Es un hombre muy bueno. Forma parte de la familia. Lo queremos mucho.

(«Dame todo de ti y yo te daré todo de mí/
tú eres mi final y mi principio/
incluso cuando pierdo, estoy ganando»)

José Vaqueiro y Ana García, con sus nietasJosé Vaqueiro y Ana García, con María del Carmen Calvente y Gregorio Mudarra

José, Ana, María del Carmen —hija— y Jenny Mudarra —nieta— fueron al cementerio de Pinos Puente (Granada) con motivo del Día de Todos los Santos, en noviembre de 2014. Allí está enterrado Prudencio Calvente, ex marido de Ana García. De aquella relación nacen cuatro hijos. La familia creció en un cortijo granadino de nombre Alitaje. A la que fuera mujer de Prudencio le gusta honrar la tumba de quien la hizo madre. En su última visita, Ana rompió a llorar. Mientras tanto, José, el gallego, limpió y embelleció el nicho.

(«Cuántas veces tengo que decirte/
que incluso cuando lloras eres todavía hermosa»)

Antes de que todos almuercen en Casa Pacho el Charro, Raquel le dedica unas palabras a su abuela:

—Eres una mujer muy trabajadora. Has aguantado mucho en tu vida. Nunca te quejas.

Un día, muchos años antes de conocer a José, Ana cogió a tres de sus hijos y se fue de casa con un mano delante y otra detrás. La decisión, por contracultural en una época contaminada de machismo, castigó su imagen. Hoy, sin embargo, ese cambio de rumbo enorgullece a sus nietas.

José y Ana, con los pequeños David y LauraLa familia posa con Ana García, en la celebración

—Mi abuela es un ejemplo para mí. Siempre que pienso en ella me inspira fuerza y vitalidad. En momentos difíciles, me enseñó una frase: “Conmigo no puedes”. La quiero mucho —afirma Jenny.

Ana, natural de Fuente Vaqueros, sabe de Federico García Lorca porque escuchó el nombre del poeta en su infancia. Su segundo apellido es Picazo.

—¿Te vas a casar más veces? —le pregunto por teléfono.

Y la mujer, que se ha probado los vestidos de novias de sus nietas mayores, se ríe a carcajadas. La fiesta, la que vivió con los suyos, resultó “estupenda, estupenda”.

Hay algo en la historia de Ana y José que me recuerda a una escena de la película “Revolutionary Road”. Un hombre ya mayor y cansado habla de la relación con su pareja. Explica, en un lenguaje crudo, que el amor a su edad significa asistir a su esposa en cualquier momento. Estar ahí, en definitiva.

José Vaqueiro y Ana García,con la tarta de la fiesta.

José y Ana