Hay una foto en el perfil de Facebook de Quesos Artesanos de Frailes que muestra el producto de la fábrica de diferentes tipos y tamaños. Los comentarios al pie de la imagen —todos de clientes— coinciden: el queso que elabora Moisés Garrido Anguita, de 37 años, tiene muy buena prensa dentro y fuera del municipio de la Sierra Sur. El dueño, el autónomo que supera ya el sexenio de actividad comercial, tiene la misma instantánea en su estado de WhatsApp acompañado de la frase “cogiendo el color”.

Estantería de la fábrica

Siete años después de su puesta de largo en julio de 2007, la empresa ha logrado fidelizar una clientela —en las provincias de Granada y Jaén— que apuesta por los quesos artesanos. No se puede conquistar mercado sin producir. En la empresa en cuestión, las cifras apuntan a 1.200 litros de leche y más de 200 piezas de queso frailero al día, que se traducen en 3.000 kilos (de queso) por mes. Cuenta Garrido que sus jornadas laborales son “de ocho a ocho”, que la leche —su materia prima— está cada vez más devaluada y que, en consecuencia, sus beneficios actuales son exiguos. La coyuntura. La dependencia de un sector que tiene problemas históricos para capitalizar su trabajo. Y una carga fiscal importante. Consciente de la realidad, pero con ilusión, Garrido elogia a sus tres ganaderos locales, Antonio Ramos Barrero, Luis Garrido y Manuel Álvarez Gómez. “Estoy muy contento con ellos”, abunda el gerente, que también emplea a dos personas más —un ayudante en la fábrica y el distribuidor que se encarga de la venta ambulante—  durante todo el año y a una tercera solo en periodos concretos.

Los diferentes tipos de quesos —fresco, semicurado, curado de leche pasterizada, curado de leche cruda, en aceite, en tarros con aceite de oliva y requesón— ya han sido valorados en certámenes, como el que se celebra en la comarca malagueña de Guadalteba. Hasta seis premios ha recibido la marca frailera. “Es un orgullo que mi fábrica esté entre las mejores de Andalucía”, celebra.

Quesos Artesanales de Frailes

Proceso. Problemas de ciática obligaron a Moisés Garrido a dejar la construcción. El frailero, que solo había visto la elaboración de queso artesanal cuando era niño y su padre tenía un puñado de cabras, pensó en montar su propia empresa relacionada con la ganadería, sector vital en su pueblo. “Me encanta Frailes y siempre he querido vivir aquí. La única vía profesional era explotar su materia prima”, recuerda. El hoy gerente estudió, durante medio año, en el Centro de Investigación y Formación Agraria de Hinojosa del Duque (Córdoba). Era el primer paso para construir su negocio. Después, entregó un plan de viabilidad a la Asociación para el Desarrollo Rural de la Sierra Sur. “Me ayudó mucho Lola Gallardo, del Ayuntamiento de Frailes”, señala. El Proder —programa de ayuda rural— le aprobó una subvención que sufragaba el 32 por ciento de la inversión: 94.000 euros.
Entre 2005 y 2007, Garrido construye con sus propias manos la fábrica ubicada  en la entrada del pueblo.Un cúmulo de factores (capitales) propició un estreno de 80 litros de leche: anticipo de la ayuda de 60.000 euros, préstamo de otros 290.000, ahorros propios y colaboración de familiares. Garrido vende también en su propia tienda —en la explotación—, en internet, en la calle y a un grupo de autónomos. “Me falta producir más, pero ahora no puedo”, dice un hombre que está por estrenar otro negocio, este relacionado con las gallinas: Huevos Camperos de Frailes.
Fotografía principal: Toni Montes
Versión extendida del reportaje publicado en Diario JAÉN (3 de octubre de 2014)