Emotivo, auténtico y agradable. Son pocas las palabras que se necesitan para describir un acto en el que los sentimientos de los asistentes se entremezclaban en uno mismo. Cargado de emoción porque fueron innumerables las muestras de cariño depositadas. Llenas de sinceridad porque todos los allí presentes fueron partícipes de la vida diaria del escritor y compartieron con él su entusiasmo y alegría. Y muy ameno porque al fin y al cabo era una fiesta, de las que gustaban al inglés y por eso fraileros y visitantes agradecieron el banquete al ya difunto anfitrión, Michael Jacobs.

El homenaje comenzó con una misa católica en la iglesia Santa Lucía Mártir, en lo que fue el funeral “español” del escritor. Todos sus amigos y vecinos quisieron dar su especial despedida, que terminaría en la intimidad esparciendo las cenizas de Jacobs por algún rincón de su tierra de adopción, como era su voluntad.

Tras la misa, se celebró un acto en la Casa de la Cultura, que pasará a llevar el nombre de Michael Jacobs en su honor, en la que sus amigos más cercanos le dedicaron algunas palabras, mientras se proyectaban imágenes del escritor en numerosas fiestas y reuniones de las que pudo disfrutar en compañía de sus seres más queridos en Frailes. Además del alcalde del municipio, José Manuel Garrido, fueron muchas las caras conocidas que prestaron unos minutos para homenajear personalmente a Michael Jacobs. Entre ellos, Chris Stewart, escritor y amigo de Jacobs, o Juan Infante, presidente de la asociación gastronómica El Dornillo.

Durante el evento, el alcalde de Frailes dio a la compañera de Jacobs, Jackie Rae, una estatuilla en forma de olivo con un pequeño agricultor vareándolo en señal de las peripecias que en este terreno tuvo el inglés y que las refleja en su libro La Fábrica de la Luz. Además de esto, recientemente se nombró a Jacobs, hijo predilecto de Frailes, a título póstumo. Todos los presentes coincidieron en destacar la grandeza como persona de Jacobs, así como su amor y voluntad por ayudar a los demás. Y su eterna sonrisa, aquella que dedicaba a todo el que se cruzaba por la calle.

Para finalizar y como acto culme del homenaje, todos los asistentes pudieron disfrutar de una comida, remojón frailero y cocido, bajo un sol que brillaba más que nunca, después de días de lluvia y nublos. En lo que todos los amigos de Michael Jacobs estuvieron de acuerdo que fue un regalo del escritor para que sus amigos y familiares pudieran disfrutar del evento, una fiesta para todos los que él quería en un día tan alegre como el del carnaval.

Publicado en Diario Jaén, en su edición impresa de 23 de febrero de 2014