Querido Manuel,

Cuánto me alegra que te haya gustado lo que te mandé por correo. Te escribo porque aún me sorprende el dato que me diste en tu mail: hasta 3.014 fraileros censados en 1950, cuando, según me cuentas, eras auxiliar administrativo en la Alcaldía de la villa.

Ahora, como ya sabes,no llegamos a los 1.800. Esta semana hemos sufrido varias pérdidas; el decrecimiento continúa. Y continuará. No sé qué te llevó a coger las maletas para buscarte la vida en la capital andaluza. Sospecho que sería el empleo, la falta de trabajo en tu pueblo. Me cuentan clientes de mi bar que después de la Segunda Guerra Mundial hubo un éxodo importante de fraileros a Barcelona. Buscarían, intuyo, la misma “chance” de prosperar que tú.

Sesenta años después, la vida en el pueblo ha mejorado; las oportunidades de que la juventud eche raíces aquí, sin embargo,son tan remotas como entonces. La mayoría de mi grupo de amigos está sin trabajo. Nosotros, los que ahora nos acercamos con cierta desconfianza a los treinta años, protagonizamos, hace unos años, un exilio dulce: tuvimos la maravillosa oportunidad de formarnos en universidades. Pudimos elegir, un privilegio que nos concedieron generaciones anteriores, como la tuya. Lograr una titulación no nos ha asegurado absolutamente nada. Yo, que he conseguido hacerme un hueco en la prensa provincial, soy consciente de que sólo hay una vía para escapar del paro: buscarse la vida sin esperar la ayuda de nadie, menos aún de las administraciones. Prohibido cruzarse de brazos.

Aquí, Manuel, quince días de desempleo es la máxima oferta. Y la culpa, al menos así lo entiendo yo, no es de las corporaciones municipales, sino de la falta de espíritu emprendedor, de la ausencia de ideas nuevas. Los entes supramunicipales, esos que conceden subvenciones con el dinero de todos, deberían estorbar menos a la iniciativa privada. Bastante menos. Veo un déficit de libertad económica. Llámame raro.

Frailes, por más que uno lo quiere, tiene sus limitaciones, pero internet abre interesantes posibilidades, como este medio que te gusta leer. Ser autónomo, te confieso que me encantaría, es, tal y como está el patio, una expresión suicida. Más de doscientos euros al mes, Manuel. Un absurdo.

Hay gente que dice que el saber no ocupa lugar. Se equivocan: irse fuera a estudiar es divertido y edificante, pero también supone un coste de tiempo y dinero (el de la familia) notable. Hoy, como te decía, la mayoría de mis amigos mira su título universitario y, justo después, mira su maleta.

Me he perdido en el artículo, como esos niños que se escurren por los pasillos de las tiendas de juguetes. Me cuentas que erais más de 3.000 fraileros. ¿Había tantos bares como ahora?

Te mando un abrazo.
Te localizaré si vuelvo a escaparme a Sevilla.

Posdata. Espero que me salga más barato que la última vez.

Fran