Cada historia empezaba tras destapar una botella de limonada de dos litros. El gas le daba permiso a las cintas en VHS, que siempre comenzaban con aquella banda sonora de mi infancia: la introducción de las películas Disney. Entonces, mi hermano y yo, frente al televisor, nos desconectábamos de los ruidos del piso de abajo, que todavía es un bar, y devorábamos bocadillos de lomo antes del planteamiento de cada relato. La muerte de Mufasa, arrojado desde un precipicio por su hermano malo malísimo Scarf, le dolió más a mi pequeño Toni que a Simba, que vivió el duelo con cierta impostura: se hizo bohemio camelado por un jabalí y por un suricato.

Al cine de terror llegué por pasear cerca de la plaza de los Toros. Allá vive aún Guru, un cineasta relajado, que en su peculiar adolescencia coleccionaba las sagas de “Viernes 13″, “Pesadilla en Elm Street”, “Scream” y cualquier otra con un denominador común: los primeros personajes en quedarse sin cabeza eran los más tontos. La pantalla se llenaba a menudo de sangre. Nosotros, espectadores ya con bello púbico, nos adaptábamos con madurez a los cambios hormonales. Como a veces las ficciones confunden, en Halloween rendíamos culto al género: Rafa Martín, Toni Montes, mi hermano y yo puteábamos por las calles de Frailes con el juego idiota de la mano negra.

Si mi paladar narrativo se refinó, quizá más de la cuenta, fue porque conocí a Pablo.
-¿De verdad ves películas en blanco y negro?
Mi amigo se río y me miró, como pensando: “¿De dónde ha salido este muchacho?”.
La amistad con Pablo propició, además de borracheras, un resurgir en mi pasión por las historias. Por contarlas también.
Scorsese, Allen, Eastwood, Welles, Ford y otros cuantos genios del séptimo arte me dieron tardes de gloria en mi cuarto, solo o en compañía.

Ocurrió que, mientras crecía mi interés por la literatura y por el periodismo, un escritor inglés se afincó en mi pueblo y publicó un libro inspirado en las gentes de la villa. Y otra vez la ficción confundiendo al personal. Michael Jacobs me “regaló”, una noche de verano, las siglas FNPI (Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano), el legado vivo de Gabriel García Márquez. Da igual que entre o no en sus talleres; ya disfruto con los relatos de no ficción de cronistas de España y Latinoamérica.

Y así, entre cuento y cuento, verdadero o imaginado, presentaré el 23 de diciembre mi primer libro de ficción, “Historias de Frailes”.

No le voy a pedir, querido lector de Frailespático, que lo lea; es preferible que sólo lo compre. Estoy por acabar este artículo y quiero confesarle algo: no hay nada más peligroso que un frailero con imaginación dándole a la tecla. Se lo digo por experiencia.

“Historias de Frailes. Fragmentos de crónicas azarosas” será presentado el lunes 23 de diciembre, a partir de las 19:30 horas, en el Centro Juvenil de Frailes.
Luego de la presentación, el libro también estará a la venta en:
-Casa Paco El Charro e Inforfrailes.
-Librería La Mota y Librería Ítaka (Alcalá la Real).
-Contactando con el autor en la dirección francharro88@hotmail.com o en el teléfono 675 942 621