Una colección de veintisiete cuadros inspirados en la obra cumbre de Miguel Cervantes está a punto de tomar la Casa de la Cultura de Frailes. El creador de “Aventuras y desvelos de Don Quijote”, Alberto Gómez Oblaré, de sesenta y seis años, ya ha exhibido su arte en Torredonjimeno, el municipio donde reside, y en la capital jiennense. La muestra verá la luz en Frailes el próximo viernes, 18 de octubre, y podrá ser visitada hasta el 25 del mismo mes, en horario de 19:00 a 21:00 horas. La iniciativa Frailes, Arte y Cultura (FAC), liderada por Nico Adrian, organiza la cita. El Ayuntamiento de la villa y la Asociación Juvenil FrailEScultura también colaboran. Los menores del colegio Santa Lucía verán los cuadros, al tiempo que leerán los textos que narran cada imagen.

Don Quijote, en un cuadro de Oblerá

Un secreto sin desvelar persiste en la casa de Gómez Oblaré: ¿Cuántos cuadros hay en el piso? Angustias González, la esposa del artista, no tiene la respuesta.

— No sabemos dónde ponerlos —resopla.

El piso es acogedor y elegante. González vive con su marido, peluquero jubilado que ahora mismo está fuera; resuelve ciertos trámites.

— Alberto vendrá pronto —tranquiliza, al tiempo que confirma con cifras el talento de su marido: centenares de personas vieron la muestra, de veintisiete piezas, sobre los Quijotes que estrenó en Torredonjimeno.

A la sede de Canal Sur Jaén también ha llegado la historia del peluquero que reproduce fragmentos de la novela más conocida de la literatura española: trece obras de Gómez Oblaré lucieron desde el 25 de septiembre hasta el 11 de octubre.

— Mi marido pintaba antes en el estudio de una amiga, que vive cerca. Ya no puede, porque el apartamento estará pronto ocupado. Ahora lo hace en la habitación de nuestra hija, Celeste Gómez. Alberto necesita un estudio —dice, en tono preocupado, poco antes de que el artista llegue a su casa.

Angustias González y Alberto Gómez, en su casa

Es alto, de sonrisa fácil. Lleva una camiseta verde de manga corta, gafas de pasta negra. Habla despacio en un volumen bajo, de buena dicción.

— Tengo unos cuantos proyectos en mente. Es probable que repita la exposición en Canal Sur, bien en Sevilla o en Málaga. Y también hay interés para que lleve mis cuadros a Villanueva de los Infantes (Ciudad Real, Castilla La Mancha).

El arte de Gómez Oblaré —prefiere firmar sus últimas creaciones con el segundo apellido “porque Gómez es muy común”— impacta, pues no hay formación académica tras un hombre de diálogo sencillo.

— Empecé, en el año 2002,  a fijarme en paisajes de Castilla La Mancha, acumulé información. Primero dibujo a lápiz, después llega el lienzo. Utilizo un sistema de trabajo que yo llamo “al azar”: surgen cosas nuevas en el proceso —explica.

Cuadro concluido,Boceto de Oblerá

Un amigo le regaló la obra de Miguel Cervantes: El Quijote —y sus escenas— quedaron grabados en su cabeza, pese a que reconoce que solo ha leído fragmentos. Los cuadros del caballero que confundía molinos con gigantes pueblan las paredes del comedor, de toda la casa.

El hoy pintor incombustible dejó los estudios a los dieciséis años; no fue un alumno brillante. A menos que saliera a la pizarra:

— Los maestros me pedían que dibujara.

Gómez se ganó la vida como peluquero durante cuarenta y tres años. Puso fin a su trayectoria laboral en noviembre del año pasado. Era en su establecimiento, ubicado justo al lado de su casa, donde aprovechaba los momentos sin clientela para dibujar algunos trazos casi clandestinamente.

— La peluquería me daba de comer; el arte me llenaba —clarifica la diferencia entre el papel alimenticio y la pasión que alimentaba su vida.

Sus primeros cortes de pelo fueron en su pueblo natal, Monte Lope Álvarez. Hay cinco generaciones de peluqueros en una familia experta en la profesión de embellecer el cabello. Pero Oblaré, ya lo ha dicho, ahora solo quiere libertad para crear.

— Alguna gente me ha pedido que les dé clases. No puedo. No tengo tiempo.

Alberto llegó a Torredonjimeno en 1972. Un profesor de instituto llamado José López Arjona avivó su interés por la pintura.

“El aire se pinta”, le decía entonces el maestro —un hombre solitario al que no le gustaba publicitar sus creaciones— que daba “luz verde” a los cuadros de aquellos días.

— Yo le preguntaba: “¿Y cómo se pinta?”. El respondía: “Tú verás”.

Y el de Monte Lope Álvarez no solo pintó el aire: recorrer su casa invita a pensar que casi ha pintado encima del aire. Cuadros. Y más cuadros.

— López Arjona le dijo que ese cuadro de ahí, el de la mujer, no lo vendiera nunca.

Cuadro de una mujer

Los pasillos del interior de la vivienda son estrechos para transitarlos en fila india en caso de que un grupo visite el piso como si de un museo se tratara: el arte rebosa en las paredes. Su estilo es variado: formas cubistas, realismo, costumbrismo. El caudal creativo de Gómez Oblaré es potente.

MargaritasAtocha, en un cuadro

Las habitaciones están llenas de cuadros que, como si fueran personas, esperan su protagonismo: todos no caben en la pared, muchas piezas están guardadas.

— Ojalá pueda vender algunos. Aquí ya nos falta espacio —apunta Angustias González.

Angustias González, escondida en una obra de su esposo

En la terraza, al aire libro, el peluquero desenrolla —en sentido literal— su obra más impresionante: un Quijote de 3,40 por 1,80 metros. Invirtió unos ocho meses en parir a la descomunal criatura, aún sin barnizar.

— Estuve a punto de venderla por 6.000 euros. Ahora no está en venta —asegura, con la mirada puesta en la posible muestra de Villanueva de los Infantes.

La obra más espectacular de Gómez Oblerá

Los “desvelos” quijotescos de Gómez llegarán el próximo día 18 de octubre a Frailes para el disfrute de mayores y, sobre todo, de menores, que tendrán una ocasión manifiesta para acercarse al Caballero de la Triste Figura.

La hija del artista, Celeste, profesora de Lengua y Literatura, ha ayudado a su padre con los carteles que narran todas y cada uno de las obras. Nico Adrian, promotor de FAC, conoció al peluquero en la primera exposición que el británico organizó en la villa. Ahora, propicia el retorno de su amigo Alberto Gómez, otro amante de la pintura.

— Lo que me hace falta es un estudio —concluye, resignado.

Oblaré muestra la lámina del lugar donde quiere exponer en Villanueva de los Infantes