Juan Pedro Linares aparca su coche, un turismo blanco, enfrente de la antigua farmacia de Frailes. Son las cinco de la tarde, la plaza del Rector Mudarra echa la siesta: no hay ruido que se escuche, ninguna presencia humana más allá del artista y del reportero.

—Hombre, noticiero, ¿cómo estás? —saluda.

Luego, el diseñador aclara que le basta con el agua de la fuente, que no precisa nada más. Con él viajan sus herramientas: pinturas, pínceles, láminas de madera… Artículos sencillos para crear obras complejas. Al aire libre. En pocas horas. Todo comienza con un portaminas.

Juan Pedro Linares prepara sus materiales

Linares —gorra y camiseta corta negras, pantalones piratas grises y zapatillas deportivas verdes y blancas— elige el rincón que representará: la casa de Miguel Vallecillos y la de la familia Sánchez, que reside en Granada.

El rincón elegido

Lucía Belén Lebrón e Inmaculada Torres asisten, casualmente, a los primeros trazos, a los cimientos de la estructura estética.

—Empieza bien, bien —dice Lebrón.

Primeros trazos

Pasa por la calle Custodio “Montador”, la azada al hombro. Mira el cuadro, que crece a buen ritmo. No habla mucho. Se marcha.

Primeros asistentes, en la plaza del Rector Mudarra

—Qué manita tienes —expresa Encarnación Anguita, admiradora de Juan Pedro Linares. La peluquera, que trae consigo a su nieto Jesús Illán, llega al sitio para quedarse. La acompaña Francisca Mudarra, amante de la pintura, aficionada local que ya ha exhibido cuadros notables en la Casa de la Cultura.

—No me he traído una silla —lamenta, consciente de que el asunto durará un tiempo. Una tarde.

Los coches que pasan por la plaza Rector Mudarra desaceleran justo al acercarse a Linares y su incipiente obra. El diseñador no se inmuta, departe con quienes se le acercan, pero sin concesiones: está trabajando, necesita concentración. Las preguntas, que son comprensibles al ser la actividad al aire libre, se acumulan:

—¿Pintas de pie?

—Sí, siempre.

—¿Y vas a dar clases en Frailes? Me quiero apuntar.

—Sí, claro. Adelante.

El diseñador, la mirada en las casas y la calle que pinta, se va a su mundo: los auriculares lo aíslan. Las casas de Miguel Vallecillos y la familia Sánchez cobran vida en el cuadro unos cuarenta minutos después del comienzo de la actividad, enmarcada en Frailes, Arte y Cultura (FAC). Hay gotas de pintura junto a los pies de Linares, que ya ha usado la cola. Jesús Illán y su prima Paula Garrido juguetean felices.

El cuadro, empujado por su dueño, se da la vuelta: hay que pintar el cielo. El color asoma: un naranja precioso.

Linares pinta el cielo

—Estás poniendo la calle como cuando es El Corpus —bromea Encarnación Anguita.

Aparece Miguel Vallecillos, el sombrero de paja y el bastón para caminar, habla con una señora. Una anciana contempla la escena, que de a poco gana público. Luis “Portillo” se acerca para ver de qué va el percal.

—Juan Pedro es un fenómeno —dice.

Josefa Pérez, familiar del diseñador, bromea con bajarle los pantalones para llamar su atención.

Daniel Mudarra, de Carnicería Dani Ribera, pasa con su camión por la ya concurrida plaza. Tuerce el gesto, como si no entendiera nada.

***

Las pequeñas Lucía López y Ayla Pirozzo están en la casa de Nico Adrian. Participan en el taller de pintura de FAC. Benji Jeffrey, Natasha Cox, Bella Marin y Keira Greene, de Inland Studios, y Amanda, madre de Keira, también están en faena. Emily Portsmouth tutela la actividad. Los artistas, sentados en corro, tienen el material necesario para expresarse. En medio hay un bodegón con las verduras de la temporada: tomates, berenjenas y pepinos, entre otras. Las fraileras Paula Garrido y Noelia González llegan tarde “a clase”. La segunda titubea con participar. Su abuela, Francisca Mudarra, y su amiga la animan. Dos alumnas más.

Keira Greene, en el taller de pinturaMenores, en el taller de pintura

Porsmouth les da láminas y colores para pintar.

—Estamos trabajando con el bodegón, pero también podéis inspiraros en los cuadros que hay en la habitación.

Paula y Noelia descubren las obras de Fin Lynch, artista con casa en Frailes.

***

Juan Pedro Linares sujeta con su mano un plato de plástico con pintura, como un camarero sostiene su bandeja. La obra “pinta” estupenda.

Mercedes Ramos y Sandra Pérez —que causó sensación con su pieza del Titanic en la exposición inaugural de FAC —se frotan las manos: pronto recibirán clases del diseñador frailero.

—Una vez participé en una sesión de pintura al aire libre. Llovió, y el cuadro me salió regular. Quiero encontrar maestros que me enseñen a hacer bien los rostros —comenta Pérez.

Sandra Pérez, Francisca Mudarra y Mercedes Ramos, entre otras, contemplan el cuadro de Linares

Ramos, con sus hijos, contempla el cuadro de Linares. Según cuenta la aficionada, los colores no son lo que son: las tonalidades varían; es un proceso.

Otro Ramos, el anciano Camilo, baja por la cuesta del Barrondillo, ajeno a la expectación en la vía pública. La pieza del diseñador reproduce una realidad frailera: la gente mayor puebla las calles del municipio. Unas viejecitas lucen en el cuadro. Antonio “El Practicante”, que husmea en la zona, no sabe quiénes son.

La música de Loquillo suena en los auriculares de Juan Pedro. Son las ocho de la tarde. Los cables de electricidad están más que logrados. Los de la obra.

Las hermanas Lucía y María López enseñan sus cuadros: un bodegón y un corazón muy peculiar.

Lucía y María López posan con sus obras

—Aquí hay nivel —elogia el profesional.

Noelia González y Paula Garrido exhiben las suyas: imitaciones de los trabajos de Fin Lynch.

Noelia González y PaulaGarrido, con sus cuadros

Ya es de noche. Linares ultima detalles: las verjas del patio de la casa de la familia Sánchez, el letrero informativo del inmueble de Miguel Vallecillos.

—¿Te falta mucho, papi? —pregunta su hijo.

—Y pensar que hace un rato estaba con el portaminas —dice Encarnación Anguita.

El murmullo de la audiencia anuncia el final de la actividad. El artista lo ha conseguido: la gente atiende más a su recreación que a la propia realidad.

—El cuadro debe ser diferente; no es una foto. Hay que buscar la belleza —sentencia, al tiempo que baña su criatura con barniz.

Juan Pedro Linares, con su pieza acabada

La pieza ya tiene dueño: Nico Adrian, “padre” de FAC.

—He visto unas cincuenta obras de Linares. Esta es la que más me ha gustado —asegura el inglés.