El vuelo Londres-Granada llegó con retraso. Nico Adrian recibió con un enorme abrazo a su amigo Steve Riv, músico que aterrizó, ayer, en Frailes para participar en la iniciativa cultural FAC.

Adrian condujo su furgoneta desde la capital granadina hasta el rincón de la Sierra Sur donde ahora vive, pues Riv daba, a las diez de la noche, su primer concierto en un pueblo que conocía de la ficción: el guitarrista leyó “La fábrica de la luz”, de Michael Jacobs.

Llegó el intérprete a Casa Paco El Charro, local donde actúa hoy, y pidió una cerveza. Al ver la tapa correspondiente, unas gambas, preguntó si era para él.

—Por supuesto, esto es España —le dije.

Riv, impecablemente vestido con una americana y pantalones grises, chapurreó un castellano decente para llevar dos décadas sin pisar este país nuestro. El cantante pasó pronto al segundo tercio: faltaba aún una media hora para su debut en tierras fraileras. Nico Adrian estaba feliz: abrazaba y besaba a su amigo con la honestidad de quien valora la belleza de la amistad.

—Va a ser fantástico —anunció.

Nico Adrian y Steve Riv, en Casa Paco El Charro

Camino al bar La Cueva, Riv me cedió el asiento del copiloto, gesto elegante que acepté sin más.

—¿No hay títeres esta noche? —preguntó Pepe “Pireo” ya en el parque de Las Cuevas, mientras grupos de personas abandonaban el Cinema España.

Steve Riv llega al bar La Cueva

Entró Riv al local con sus instrumentos, la cara relajada como si en vez de actuar fuese a echar unos cubatas, y conoció al melómano por excelencia de la villa: José Pedro Chica. La amistad tuvo un comienzo prometedor: Riv “gambeteaba” con su ukelele ante la mirada atónica de Chica, que no esperaba encontrarse con un músico feroz, con recursos de mago.

El protagonista tomó sitio al fondo de La Cueva, entre las rocas de un escenario estupendo. Tres mesas llenas de espectadores poblaban la zona; la barra estaba más tranquila, ambiente perfecto para paladear la variedad de registros de un músico tan desconocido para Frailes como genial para cualquiera que tenga un par de orejas.

Riv disculpó, antes de empezar su “show”, a su compañero Nana Tsiboe, percusionista que se sumará mañana a FAC tras dejar atrás un laberinto burocrático.

Steve Riv toca el ukelele

El guitarrista británico cantó en castellano en la segunda canción de su concierto intimista: “Tierra”, de Gloria Estefan, sonó genial aun con el acento inglés. Luego impresionó con “Like a Rolling Stone”, de Bob Dylan: sacó entonces su armónica, colgada en el cuello a la manera en que los ancianos se ponen las gafas para leer. Riv maravilló con sus versiones de temas de Neil Young, The Beatles y hasta del rapero Eminem.

En tanto que artista imprevisible, el intérprete cambiaba de instrumento como quien cambia de camisa. Es complicado elegir cuál sonaba mejor. Impresionó el dulcema, que es un antecesor del piano.

Riv toca el dulcema

Las canciones del amigo de Nico Adrian se cerraban con cariñosas ovaciones, pues el público estaba tan cómodo como el cantante, que regalaba su micrófono a Chica para que compartiese su euforia.

Riv, que sudaba y sudaba, pese a desprenderse de su americana, enseñó un tema propio y pidió tiempo muerto: bebió cerveza y habló con cuantos se le acercaron. Se fundió en un abrazo con Emily Portsmouth, amiga a la que no veía desde hace casi una década.

—Voy a cantar una canción africana —avisó tras la reanudación.

El personal pidió a Alejandro Caño que acompañase con su caja flamenca al artista británico. Y así fue: la esencia de FAC, un festival que amaga con ser un desastre para devenir, al final, en actividades geniales, escenificada por dos hombres que aman la música.

Alejandro Caño se suma al espectáculo de Steve Riv

La locura ya era tangible, pues Chica se arrancó a bailar como solo bailan las personas desacomplejadas. Steve interpretó “Quiero tener tu presencia” en perfecta comunión con su audiencia, joven y alegre, y yo juro que pensé que ya solo le quedaba coger una silla y hacer que sonara.

Chica baila ante Steve Riv

El británico, todo pasión, acabó como telonero de Mónica García, que enseñó un poco de lo que tiene preparado para su actuación del miércoles en la terraza del Corcel.

Mónica García canta al final de la cita

Steve Riv dejó de cantar a la una menos diez de la noche. Nico lo buscó: aún faltaba abrazar otra vez al hombre que despertó La Cueva.

Riv se seca el sudor