Noche gloriosa. El grupo Jarapa congregó a más de doscientas personas en la plaza de los Amandos. El concierto, cargado de música con sabor latinoamericano, se prolongó hasta después de la medianoche. El público, que estuvo sentado la mayor parte del espectáculo, terminó bailando cerca de los intérpretes.

Acudieron los componentes de Jarapa a la Casa de la Cultura minutos antes de salir a escena. Todos apuraban el tan importante momento de la vestimenta: brilló el blanco inmaculado, color representativo del colectivo a excepción de dos “trompetas”, que iban de negro.

—¿Una foto?

Jarapa posa en la Casa de la Cultura

Jarapa, capitaneada por Ernesto del Moral, que tocaba en su pueblo, accedió a posar. Luego enfiló el escenario, y en el bajar de las escaleras en dirección a la zona donde el espectador centra su mirada se palparon nervios. La gente, que estaba desperdigada por toda la plaza, vio a once tipos de blancos, como si fueran ángeles.

—Buenas noches, amigos de Frailes. Os presento a Jarapa. Un fuerte aplauso para ellos —expresó Nico Adrian, “padre” de FAC, que dudó hasta el último segundo en si presentar o no al grupo.

La primera parte del concierto sonó a Cuba: “Mar y cielo”, “Dos cruces” y “Cielo Andaluz” fueron algunos de los temas que alegraron la noche a los espectadores. Las sillas ubicadas enfrente del escenario lucieron repletas hasta casi al final de la velada.

Jarapa actúa en la plaza de los Amandos

Nadie reflejó mejor las ganas de fiesta en los primeros compases de la cita que José “Bubi”. La “escoba” frailera no pudo reprimirse: acudió a la primera fila con sus inconfundibles pasos militares, luego gritó algo ininteligible y dejó claro que, pese a su energía caótica, es un hombre de paz.

—Esta plaza es magnífica. Aprovéchenla y bailen si les apetece —animó el encargado de hablar en los descansos entre canción y canción. Un anciano y una menor le hicieron caso, al tiempo que se escuchaba una letra con un mensaje interesante: mi vida las controlan las leyes, pero en mi corazón mando yo.

Andaba por allí Juan Flores “Regalo”, que no paraba de intercambiar impresiones con Alejandro Pérez, el hombre que recorrió la Sierra Sur con una mula y una radio. “Regalo”, al ver que había venta de cerveza y refrescos en una suerte de barra, también capitalizó sus destrezas y, al mismo tiempo, hizo justicia a su apodo: primero regaló a Pérez una de sus creaciones de esparto, y, más tarde, vendió otras dos a Amanda, la madre de Keira Greene.

Las ovaciones fueron una constante en el concierto. Los miembros de Inland Studios no se cortaron con el baile: Benji Jeffrey y Bella Marrin lo pasaron en grande, pues echaron mano del vino blanco y la cerveza para vencer el miedo escénico.

Jarapa, en vivo

Clásicos como “Si nos dejan” y “Cómo han pasado los años”, entre otros, se sucedieron en el segundo pase. La voz de María José Antonio (curioso apellido) agregó más calidad aún al espectáculo, seguido en ocasiones como si en vez de un número musical fuese una obra de teatro: muchos preferían escuchar desde sus asientos, como si al salir a bailar hubiese riesgo de perderse algún detalle.

Jarapa se acordó de ilustres vecinos fraileros que ya no están en el pueblo, como Manuel “El Sereno” e inmaculada Campos, madre de Ernesto del Moral. Hubo mención también para dos compañeros (Paco y Valentín) que no pudieron actuar.

Un popurrí de canciones mexicanas parecía concluir una noche de música tan elegante como atractiva. Las sillas crujieron, pues al final hubo consenso para levantarse: intérpretes y público cerraron el número al ritmo de “Guajira Guantanamera”. La plaza de los Amandos resucitó, feliz, en la segunda jornada de Frailes, Arte y Cultura.

Espectadores bailan al final de la gala