Lauren Houlton, Benji Jeffrey y Natasha Cox, de Inland Studios, abrieron las puertas del Cinema España, ayer, a las dos del mediodía. Los artistas trabajaron durante toda la tarde con un objetivo: recrear la atmósfera del lugar y disfrutar de la experiencia de ser “dueños” de un cine hermoso. Los espectadores, unos cuarenta, entraron en la sala, sobre las ocho de la tarde, para ver el resultado de su esfuerzo. Una serie de símbolos se sucedieron en la pantalla, al tiempo que se mezclaban con las letras “Cinema España”. La animación duró muy poco. El público, que no entendió nada, abandonó la sala con más dudas acerca de por qué estaban allí que las tenían cuando entraron.

Natasha Cox, en la habitación del proyector

Natasha Cox trabajaba en la habitación donde persiste el antiguo proyector de Fermín Murcia. La británica operaba con uno más nuevo: un “found super 8”. Trozos de rollo de película descansaban en uno de los asientos del anfiteatro.

Trozos de un rollo de película, en un asiento del afiteatro

Abajo, en el puesto de venta de bebidas, Benji Jeffrey y Lauren Houlton aseguraban que cerca de veinte personas los habían visitado desde que abrieron el cine. Fermín Murcia, impaciente, esperaba que la pantalla diese síntomas de vida, que las luces se apagaran y que, como suele ocurrir en los escenarios de butacas, la función empezase. Un ruido, similar al de un ejército de abejorros, atormentaba a la gente, que veía, incrédula, una sucesión de figuras al fondo, allá a lo lejos.

El personal pedía explicaciones.

—Es una actividad especial. Arte y tal —argumentaban los que manejaban tanto el inglés como el castellano.

Fermín se quejaba del ruido, y me planteó la posibilidad de detenerlo. Le pregunté a Benji Jeffrey que cuándo comenzaría a enseñar su trabajo.

—It´s happening (Ya está pasando) —me dijo.

El desconcierto creció: más de uno pilló la puerta, y vía guasap me llegaban mensajes que pedían la proyección de algún No-Do.

Jeffrey subió al escenario para presentar el trabajo de Inland. Emily Portsmouth hizo las veces de intérprete.

—Hola, bienvenidos a todos. Somos Inland Studios. Llevamos una semana en Frailes. Estamos muy contentos, porque hemos trabajado en el Cinema España. El sonido que escucháis es propio de ejercicios de meditación. Queremos enseñaros la animación en tres dimensiones que hicimos con la ornamentación del techo del cine y un trozo de película que encontramos en la calle. Nuestra compañera Natasha Cox es la encargada del proyector.

Sonaron los aplausos previos a la ansiada creación. No hubo emoción ni expectativas, pues el público vio lo mismo que ya había digerido durante toda la tarde: figuras y más figuras difíciles de explicar.

Espectadores ven la animación en tres dimensiones de Inland Studios

Cuando todo acabó, la vida retomó su pulso. Los chicos de Inland entendieron que, pese a su esfuerzo, su propuesta no cautivó a la audiencia. No es que el espectador frailero sea de paladar refinado; simplemente esperaba una historia convencional con planteamiento, nudo y desenlace.

—Ha sido, como diría El Berna, una pincelada de arte —resolvió Manolo Caño.

Inland volverá a gestionar el Cinema España mañana, a partir de las seis de la tarde. Presentarán tres cortometrajes. El grupo ya ha agotado el factor sorpresa.

La pantalla del Cinema España, durante la proyección de la animación de Inland